La cosa política
06 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.?uién lo hubiese dicho hace año y medio. Cuando todos apostaban por que las elecciones municipales conducirían a José Luis Rivera Mallo a la marginalidad política, los inesperados resultados en las urnas, cristalizados en una más que inestable correlación de fuerzas en la corporación vilagarciana, han convertido a los dos concejales de Independientes por Vilagarcía en la pieza clave de un mandato que ni siquiera ha alcanzado su ecuador. Resulta evidente que, matices e interpretaciones forzadas aparte, el PSOE de Javier Gago y Jesús Paz dice digo donde dijo Diego y asume los pactos puntuales con el otrora enemigo ideológico con la misma naturalidad con la que antes rechazaba su simple mención. En realidad nada demasiado extraño, porque en la política local, como en el futbolín, casi todo vale con tal de llevarse el gato al agua. Probablemente el error de los socialistas no se encuentre en los acuerdos de hoy, sino en la precipitación de las declaraciones de ayer. Y por lo que respecta a los independientes, están donde siempre han estado y se limitan a jugar sus cartas con habilidad. En cualquier caso, el gobierno de la capital arousana no es, ni de lejos, el único que ha mostrado su interés por cortejar a Rivera. Esta semana, el vigués Manuel Soto , cuya carrera guarda cierto paralelismo con la del independiente vilagarciano, ha echado el resto para incorporar a Ivil a su nuevo proyecto: la refundación del Partido Galeguista. Los dos ex alcaldes Como el político arousano, Soto fue alcalde de su ciudad, Vigo. Como él, fue apartado estrepitosamente de su partido; en este caso el PSOE, el PP en el de Rivera. Como él fundó un partido independiente a su medida. La diferencia estriba en que mientras Ivil se ha ceñido al ámbito local, el líder de Progresistas de Vigo ha demostrado una extraordinaria inquietud por lanzarse a la arena de la política autonómica. Lo intentó sin éxito en los últimos comicios gallegos, en el 2001, al alimón con la Democracia Galega de Enrique Marfany. Por aquel entonces, los dos protagonistas de aquella aventura visitaron a Rivera en la capital arousana con una invitación bajo el brazo para unirse a ellos. El de Vilagarcía rechazó la propuesta, pero no sin antes dejarse querer, utilizándola hábilmente para demostrar que, si así lo desease, Ivil y él mismo tendrían algo que decir en empresas más ambiciosas y, como mínimo, dar un disgusto al PP. Un puesto de salida El próximo sábado, el Partido Galeguista celebra en Pontevedra su congreso de refundación. Y a él asistirá José Luis Rivera, en calidad de invitado. Por el momento nada más. Aunque no hay nada dicho, parece razonable que el independiente vilagarciano se lo piense bastante antes de incorporarse efectivamente a una iniciativa como ésta, que en teoría busca el centro político con vocación de nacionalismo moderado. En ella coincidiría, por ejemplo, con Xoán Gago , el histórico alcalde de Narón, que en su día llegó a decir que se integraría en el BNG tras las pasadas elecciones municipales. No parece que Rivera tenga mucho que ver con él. No obstante, tampoco es cuestión de descartar nada a priori, pues Rivera Mallo se convertiría automáticamente en uno de los bastiones del PG en la provincia de Pontevedra, con un puesto en la candidatura por detrás del propio Soto y quién sabe si otros antiguos miembros del partido de Manuel Fraga. La plaza, de no mediar un corrimiento electoral insospechado a estas alturas, sería simbólica, claro, porque sus opciones de obtener representacion son más bien escasas. Pero no por ello sería menos significativa. Y es que, al fin y al cabo, cualquier cosecha electoral supondría restar sufragios a un PP que, tal como pinta el panorama, no está para ceder votos. Las pitadas del PP ¿Alguien más quiere a José Luis Rivera? Sí, sus antiguos compañeros en la disciplina popular, sin ir más lejos, comienzan a manifestar a las claras su interés por sentarse a hablar seriamente con quien fuese su presidente y el único alcalde conservador que ha conocido Vilagarcía desde el retorno de la democracia. Los mensajes, informales pero directos, han sido lanzados recientemente por destacados integrantes del partido en la ciudad, aprovechando su coincidencia en ciertos actos públicos. Tal vez el momento llegue tras el congreso provincial que aguarda al PP a la vuelta de la esquina. Cabe preguntarse si a los conservadores, que tanto han sufrido tras la purga de los riveristas en 1996, les compensaría integrar de nuevo a los militantes que siguieron a Rivera. La mejor respuesta se encuentra en los resultados de las municipales del año pasado. Si bien perdió la mayoría absoluta, el PSOE ganó los comicios como fuerza más votada, con 7.865 sufragios y 9 concejales. El PP obtuvo 4.656 votos y 5 representantes. Ivil se hizo con 2.067 papeletas y 2 ediles. ¿Qué hubiese sucedido si populares e independientes hubiesen sumado sus apoyos? El PP hubiese acaparado 6.723 votos, suficientes para configurar un equipo de ocho concejales, uno más de los que resultan de sumar los actuales representantes que arropan a Tomás Fole y al propio Rivera en la corporación. El PP, de hecho, arrebataría el concejal número 21 al BNG, que hubiese perdido su cuarto representante por el escaso margen de 192 votos. Como se ve, la derecha puede configurar una alternativa.