TRIBUNA PÚBLICA | O |
16 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.A RAÍZ de la publicación del último número de Ágora , se han realizado una serie de declaraciones que, por afectarme directamente, en mi calidad de director de la revista, me veo en la obligación de aclarar. Primero. Ágora no es un diario, ni un semanal, sino una revista trimestral e institucional. Por lo tanto, su planteamiento ha de ser necesariamente distinto. Bienvenidos, pues, al mundo real: que nadie espere que el diario x hable mal del banco y ; ni que la revista de unos grandes almacenes nos cuente cuántos discos le mangan al día; ni que el boletín de un partido nos relate los pormenores de las guerras internas; ni que la revista de cierta consellería, que tomó a Ágora como ejemplo, nos informe de lo mal que lo pasan algunas familias de este país. Invito, por ello, a comparar Ágora con cualquier revista de cualquier municipio de España, gobierne quien gobierne. Y, ya puestos, a comparar también los medios. Segundo. Una cosa es la opinión y otra la información. Como director, no comparto ni dejo de compartir ni la opinión del alcalde ni la de cualquier portavoz. Allá ellos. Es más: yo no comparto ni dejo de compartir las decisiones del gobierno, porque mi misión no es gobernar, sino informar -me guste de lo que tengo que informar o no- como la secretaria tiene que asesorar y el interventor fiscalizar. A ver si nos aclaramos de una vez. Un euro por familia Tercero. No todos los vilagarcianos leen los periódicos, oyen la radio o ven la tele todos los días. Luego, ¿es que no tienen derecho a conocer de los asuntos más importantes de las últimas semanas a través de una revista a razón de un euro por familia cada tres meses? ¿Es «apuntarse un tanto» para el gobierno que el SPAD advierta del incremento del consumo de alcohol y cocaína entre los jóvenes? ¿Es «manipulación» publicar íntegramente el informe del Ministerio de Fomento en el que se desaconseja enterrar las vías del tren? ¿Es «desacreditar» a alguien informar de lo que ocurre en otros concellos sobre un determinado asunto, o es que una revista municipal está sólo para mirarse al ombligo? Pactos y errores Cuarto. No deja de ser curioso que quien, basándose en una amistad de muchos años, primero me pide que transmita el deseo de llegar a un pacto de gobierno, luego, días después, me denuncie judicialmente por una opinión que no emito yo, sino el alcalde. Tampoco está mal que quien tiene constancia, de palabra y por escrito, de un error de transcripción, una semana después me acuse públicamente de manipulación. Quinto. Claro que me gustaría que en este número de Ágora se hubiera tratado el asunto del párking Xoán XXIII. El sentido periodístico, y el común también, así lo exigía. Pero es que lo que algunos no dicen es que el artículo de opinión de los distintos portavoces fue solicitado el 3 de setiembre, indicando que el último asunto a incluir sería el parque fluvial, para llevar la revista a imprenta el 13. El último artículo llegó el día 17, lo que provocó cambios en la programación de la imprenta. En números anteriores, hubo quien tardó hasta dos meses en entregar su opinión. Si no incluímos el asunto del párking es que «ocultamos» información. Si lo incluimos y eso hace retrasar la revista, es que somos «incapaces» de hacerla salir en sus plazos. Si, por no esperar más, publicamos la revista sin un artículo presentado fuera de plazo, es que «censuramos». O sea, te pongas como te pongas, date por jo... Sexto. En la revista hay un evidente error (afortunadamente, somos los únicos que nos equivocamos): Sanxenxo no llegó a aprobar su entrada en el proyecto de televisión local, pese a que su alcalde manifestó su deseo de hacerlo, y donde dice A Illa debería decir Caldas. En todo caso, ese hecho no desvirtúa el fondo de la cuestión. El secuestro judicial Séptimo y último. Desde el mismo momento en que se pidió el secuestro judicial de la revista ¡por una opinión! llegaron mensajes de que no pasa nada. ¿No pasa nada? Ya. ¿Y cómo se lo explico yo a mi familia? ¿Y cuando me pida explicaciones de qué hago yo con las «setecientas mil pesetas que cuesto al Concello»? Miren: Yo no soy una atracción de feria; soy un profesional que trata de hacer las cosas como mejor sabe y puede, y siempre con lealtad, cosa distinta al servilismo. Por eso, con mi agradecimiento a todos los que me han llamado o escrito: déjenme trabajar en paz. O trabajar. O, simplemente, en paz.