CON GOTAS
14 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.PODRÍA denominarse el síndrome del rey Arturo. Lo sufren quienes, acostumbrados a ejercer el mando, acaban identificando la voluntad popular con la suya propia. Se trata de un fenómeno que se hunde en la Edad Media: aquella unión metafísica que se establecía entre el rey, la tierra y su pueblo, de forma que cuando el rey enfermaba, la tierra y el pueblo enfermaban. Si esto sucedía, hop, todos a buscar el santo grial para sanar al monarca. En democracia, la soberanía reside en el pueblo, que la deposita en sus representantes libremente elegidos. Una corporación municipal, por ejemplo. Si la corporación dice no, es el pueblo quien dice no. Sucede que hay quien defiende esta teoría cuando goza de mayorías absolutas y la manda a paseo cuando está en minoría, mientras envía a sus caballeros en busca de la santa televisión digital local.