TRIBUNA PÚBLICA | O |
09 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.EN LOS ÚLTIMOS DÍAS los medios de comunicación han informado sobre mi nuevo destino como gestora cultural en Vilagarcía, una tarea que he asumido con mucha ilusión, pero fundamentalmente con responsabilidad y profesionalidad. A propósito de ello quiero hacer algunas puntualizaciones ya que se ha insistido machaconamente sobre mi trabajo en Vilanova y la "confianza" que entonces se depositó en mi. He de desmentir que haya desempeñado cargo alguno "de confianza" en el sentido político que se ha querido dar al término. Mis contratos en los seis años y nueve meses que trabajé allí fueron laborales y mi tarea, técnica. Si tuve la "confianza" de mis jefes fue producto de la misma responsabilidad y profesionalidad que generaron confianza en todos los jefes que he tenido desde el 1 de diciembre de 1980, en que comenzó mi vida laboral, hasta hoy. Y ello no significa que me haya identificado necesariamente con las ideas políticas imperantes en la dirección de las instituciones para las que trabajé. Mis derechos Nunca ocupé ningún cargo de confianza ni de contenido políticos, aunque como ciudadana tengo derecho de hacerlo, si acaso en algún momento me interesase y estuviese facultada para ello. Mi alejamiento de Vilanova no fue producto de ninguna misteriosa y oscura trama, como se ha sugerido, sino del deterioro de una relación laboral y de la precariedad de los contratos, situación injusta que se ventiló en donde debía ventilarse (en los juzgados) y que los jueces se encargaron corregir. La labor profesional Por último quiero decir que estoy satisfecha de los resultados de mi labor profesional allí donde la he desempeñado, desde la más humilde tarea docente en los inicios de mi carrera hasta la planificación y puesta en funcionamiento de la casa-museo Valle-Inclán, que es lo último que he hecho. Tengan todos los lectores la plena seguridad de que no tengo de qué arrepentirme ni de qué avergonzarme.