Reportaje | Corte de agua por las obras del AVE Los vecinos afectados por los cortes de agua en la ciudad se vieron obligados a realizar las labores domésticas como hace medio siglo, acarreando cubos de la fuente a casa
06 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Algunos miles de vilagarcianos se fueron ayer al trabajo y al cole sin la pertinente ducha mañanera. Los más despistados, los que no se enteraron del corte de agua que afectó a lo largo de todo el día a zonas como Trabanca-Badiña, Cea o Rubiáns, se despertaron con la desagradable sorpresa de que del grifo, como mucho, podía salir alguna araña. Percances de este tipo desbaratan por completo las rutinas diarias; hay que abastecerse la víspera de cubos de agua para hacer la comida y para aligerar los malos olores del cuarto de baño ante el paro forzoso de la cisterna. Ayer, en Trabanca Badiña, el que más y el que menos estaba cabreado. En un bar del polígono industrial los clientes esperaban pacientemente a que se les sirviera la comida que a duras penas se preparaba en una cocina repleta de barreños con agua. Para más inri, las restricciones afectaron a más zonas de las anunciadas. En A Torre, por ejemplo, no había agua al mediodía, y vecinos del centro de la ciudad se vieron obligados a recurrir a la pizza de urgencia ante la imposibilidad de preparar el guiso. En esta ocasión, el corte se debió a la necesidad de reparar los tubos afectados por las obras del AVE en la calle Blanco Amor. Pero si ayer fue el AVE el que provocó disgustos en media ciudad, desde hace más de un año son las obras del párking de Xoán XXIII en la céntrica plaza vilagarciana, o la instalación de la red de gas natural, de R o de lo que sea en la avenida de Rosalía de Castro. Los damnificados por las obras públicas se cuentan por miles en la ciudad y por millones en todo el territorio nacional. Se comentaba hace unos días en una tertulia radiofónica, donde se hablaba de la necesidad de crear una asociación de damnificados por las obras públicas en un país que parece estar siempre construyéndose para el futuro. «Mis hijos vivirán mejor -razonaba un tertuliano-; pero a mí ¿quién me compensa por las molestias?» Y no le faltaba razón. Porque entre los afectados de Xoán XXIII, por ejemplo, no están sólo los que tienen desperfectos en sus pisos, que se supone que a esos se les compensará. ¿Y los desquiciados por los ruidos? ¿Quién les pagará a ellos el psicólogo?