La tienda de los achiques

Rosa Estévez
Rosa Estévez VILAGARCÍA

AROUSA

Reportaje | Un local de O Grove se inundó 4 veces en 9 días Cuando el lunes escucharon el sonido de la lluvia, los propietarios de un local de O Corgo supieron que se avecinaban largas horas de lucha contra el agua

17 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?onotonía de lluvia tras los cristales, escribió una vez un gran poeta. Pero no es precisamente monotonía lo que sienten los dueños de una tienda de recuerdos situada en la plaza de O Corgo, en O Grove, cada vez que escuchan el traqueteo de las gotas en las ventanas. Para ellos es el ruido infernal que porta la mala noticia de que su bajo comercial se ha inundado de nuevo. Esta semana, cuando el reloj ya había hecho que el lunes dejase de ser lunes, el sonido llegó hasta sus oídos. No tardaron mucho en comprobar que su pesadilla había vuelto a hacerse realidad: su tienda, el Belomar, estaba inundada. «Fue una noche de fiesta», dice la dueña. El agua había comenzado a llenarlo todo cuando ella y su marido descubrieron «un truco que en esta ocasión nos sirvió, pero que cuando cuadre con la marea llena ya no nos vale»: Levantaron la arqueta de la calle y en la tienda «se vio el efecto como si fuese de un chupón, y el agua salió toda». Podría parecer que el mal sueño había terminado, pero no fue así. Entre las dos y media de la madrugada y hasta las nueve de la mañana, los efectivos del Grumir de O Grove trabajaron sin descanso en la calle, delante de la tienda. «Estuvieron intentando desatascar las dos alcantarillas», explicaba la propietaria del local. De ellas salía de todo, hasta calcetines. Y los trabajos continuaron durante la mañana «con muy buena voluntad». Pero pese a los esfuerzos del Grumir, los propietarios de la tienda aseguran que el problema sigue existiendo, y que en cualquier momento tendrán que volver a proteger su negocio con la defensa del achique. Tal vez deberían haberse acostumbrado ya a la situación, porque «son muchos años sufriendo esto». Los últimos nueve días, de hecho, deberían haber sido suficientes para que aprendiesen a convivir con el agua: la friolera de cuatro inundaciones han padecido desde el día 8. Sin embargo, hay inquilinos a los que resulta difícil acostumbrarse, y el agua indeseada es uno de ellos. Por esa razón, los propietarios del Belomar han pedido ya una entrevista con el alcalde para «decirle que nos tiene que dar una solución». El encuentro lo solicitaron hace una semana, «pero aún no sabemos nada».