Una adolescencia no deseada

Romero Doniz PONTEVEDRA

AROUSA

Análisis | El paso de la calle a un centro de menores Lo primero que se le enseña a los niños recogidos en la vía pública al llegar a la Ciudad Infantil Príncipe Felipe son unos hábitos básicos para poder vivir en sociedad

10 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

La Ciudad Infantil Príncipe Felipe es la única institución especializada de Galicia en acoger a niños que viven en la calle o que el trato familiar no es correcto. Este centro hace una evaluación cada doce meses. Durante el curso 2003/2004, se ha alojado a 34 emigrantes, algunos con papeles y otros sin. La mayoría de los chicos en el momento que los recogen están en la calle perdidos, solos o no tienen familia, además ejercen la mendicidad o el hurto. La media de edad de los niños que ingresan está entre los 14 y los 18 años. No obstante, hay jóvenes que afirman tener entre 15 y 16 años, para poder beneficiarse de los derechos del menor, aunque se sospecha que es mentira. Es entonces cuando se les somete a unas pruebas para certificar certifiquen su verdadera edad. Los países de procedencia son, sobre todo, Rumania, Ecuador y Marruecos. También hay menores de Nigeria, Mali, Camerún y Colombia. Se ha dado el caso de muchachos que, cuando se marchan, aparece algún familiar que los reclama desde su país o desde alguna región de Galicia o España. Otras situaciones son diferentes. Muchas niñas llegan engañadas a la Península Ibérica, ya que vienen convencidas de que van a trabajar y luego se ven abocadas a vender en las calles. Centro único Zoila Paz, directora de la Ciudad Infantil Príncipe Felipe, cuenta cómo intentan ayudar en el trámite, «pero son la Consellería y la policía los que deciden si se repatrían». Igualmente explicó que llegan al centro pontevedrés emigrantes de toda la comunidad autónoma, «ya que es un centro único en Galicia y de primera acogida». La responsable del Príncipe Felipe explicó que «es la policía, el cuerpo que se encarga de escoltarlos hasta el centro», pero luego es el personal del mismo quien se pone en contacto con la Xunta «para ver lo que se hace en cada circunstancia particular». El primer paso es verificar la edad del adolescente y comprobar su estado de salud. Una de las prioridades gira en torno a la idea de que el menor coja confianza con los educadores. Es una tarea muy difícil la mayoría de las veces. Sin embargo, en otros situaciones son los propios niños los que piden ayuda al personal del Príncipe Felipe. Zoila Paz confirma lo adelantado por la policía. En muchos casos, la mendicidad es una forma cultural enraizada en algunos menores. Son niños a los que les gusta la vida que llevan, relata la directora de la institución. «Intentan escaparse del centro, incluso con medidas de seguridad extremas. Aprovechan cualquier oportunidad como el servicio de lavandería o el suministro de comida». El Príncipe Felipe procura inculcarles unos hábitos de vida, como el desayuno, la ducha o hacer la cama. Estas rutinas resultan complicadas en algunas ocasiones. Por la mañana, se organizan actividades -jardinería, fontanería, informática o alfabetización en español-. Este último es muy útil con niños que no hablan castellano, para poder comprenderlos e intentar ayudarles lo antes posible. Los residentes tienen una estancia máxima de un mes para permanecer acogidos. Sin embargo, está previsto que si un caso no se resuelve con tanta facilidad, el interno puede llegar a residir dos o tres meses en el complejo hasta que la Consellería de Familia le consigue un trabajo que lo integre en la sociedad.