AREOSO | O |
06 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.TENÍAMOS un problema y lo hemos resuelto, debió de pensar el ingeniero que decidió sembrar de conos rojos la vía rápida de O Salnés los días de mucho tráfico. Se equivocaba ese gran hombre, sea quien sea. Los conductores que volvemos de las playas los fines de semana por esa carretera teníamos un problema, el de los atascos. Y desde que los conos se han puesto de moda tenemos dos. Lo del carril adicional es una falacia, una mentira y una mier., como diría alguna ministra. La mayor parte de los conductores no saben muy bien por dónde tienen que circular, y se les ve titubeantes. Los conos, por encima, están colocados a la distancia justa para que pasar entre ellos sea un ejercicio de maestría al volante. Por no decir que en todas las entradas y salidas de la vía rápida se monta un guirigay y un desesperado baile de intermitentes. Si ustedes se fijan bien, los márgenes de la vía rápida están llenos de cadáveres de conos rojos. No es de extrañar. Ese infernal ejército estático siempre tiene alguna baja causada por algún conductor poco avezado o, simplemente, muy cabreado. Lo malo es cuando los soldaditos rojos deciden vengarse, se convierten en un enemigo móvil y se dejan arrastrar hasta el medio de la calzada. Sí, son agentes realmente peligrosos, aunque tengan el beneplácito de los que, supuestamente, velan por nosotros.