De capa caída

MARÍA REY

AROUSA

AREOSO | O |

13 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

CUANDO en Carril decidieron crear la Orde da Ameixa, pensé que había llegado la hora de arrojar el ateísmo por la borda y correr a confesarme: si unos vilagarcianos deciden imitar a Cambados en algo es señal inequívoca de que se acerca el fin del mundo. Luego reflexioné y decidí permanecer fiel a mis no creencias. Lo que Carril está copiando es algo tan chusquero como lo de la capa, la orden y toda esa parafernalia que nos permite gritar, con tranquilidad absoluta, aquello de que Galicia is different!! . Si me espanta la idea de la Orden da Ameixa es, precisamente, porque conozco la Orde do Capítulo Serenísimo do Albariño. El nombre tiene tela. Y la elección de las damas y los caballeros, ni les cuento. Hay dos criterios básicos para ser seleccionado para lucir la capita: el primero, pertenecer a un determinado partido político muy conocido y popular. El segundo, tener un físico arrebatador, despampanante, aunque ese sea tu único tesoro. Lo mejor para superar la existencia de esa especie de casta feudal de caballeros y damas es lanzarse a la fiesta de cabeza. En el albariño, en un par de horas sus imágenes se nublan, como la cabeza en general. En Carril habrá que acompañar las almejas con abundante vino: albariño, ribeiro o lo que se tercie. Hasta la cerveza con estrella vale para tan complicada misión gastronómica. Y así, aserenados por el buen vino de la tierra, toca esperar la hora de la revolución. Esa revolución que hará que las fiestas no sean una excusa más para que los de siempre salgan sonrientes en la foto. Aunque salgan disfrazados y de capa caída.