Autobuses en el limbo

Rosa Estévez
Rosa Estévez VILAGARCÍA

AROUSA

ÓSCAR LÓPEZ

En directo | Los problemas del transporte público Una oficina vacía y un desvío a la cafetería. Esa es la callada respuesta que da Monbús a todos aquellos que buscan información en la estación de O Grove

30 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?¿No quiere un collar de conchas para llevarle de recuerdo a su hermana?» pregunta, sentado a la sombra de la estación de autobuses, un señor ya entrado en años. Lanza su oferta al aire una y otra vez, esperanzado en que algún turista le vacíe el cesto lleno de diminutas joyas engarzadas en conchas. De momento no ha habido suerte. Ajenos a las ansias comerciales del anciano, muchos visitantes entran y salen de la estación de autobuses con la cara cargada de vacaciones. Algunos van a por sus pases para los bancos de recreo. Una pareja -los dos cargados con bolsas de tiendas de recuerdos- dirige sus pasos hacia la oficina de Monbús. Son las once y media de la mañana. Se acodan sobre el mostrador sin que nadie acuda a atenderlos. Aguardan unos instantes y las sandalias empiezan a repicar con impaciencia sobre el suelo. Un cartel advertía, silencioso, que el horario de atención de mañana es de 12 a 14 horas. Si llega usted antes, tendrá que preguntar por los autobuses en la cafetería. Los turistas se marcharon con su impaciencia a otro lado. Si hubiesen vuelto a las doce y media habrían descubierto que la oficina de Monbús seguía vacía. En una ventanilla próxima, un atento dependiente de pases para barcos de recreo se deshacía intentando ayudar a quienes recurrían a él para conocer el horario de autobuses. «Es que en esa oficina nunca hay nadie». Cuando la suerte así lo quiere, una pantalla de televisión da el parte de salidas y llegadas de autobuses. El listado se convierte en un puzzle cuyas fichas se mueven inmisericordes: los autobuses suben y bajan en una dinámica presentación apta únicamente para ojos entrenados. La pantalla desquicia los nervios, pero resuelve pocas dudas. Así que sólo queda un camino hacia la información horaria: el de la cafetería. Allí, dicen quienes trabajan en la estación, se reparten horarios de los autobuses. Así que hacia allí deben desfilar todas las esperanzas. Entre dos botellas de refresco, una joven camarera se encuentra con el mar de dudas sobre el dichoso transporte público. -¿Tiene horarios de autobuses? -No, lo siento. Se nos acabaron, y no nos han traído más... Es que se supone que van a cambiar estos días. Compadecida, la joven saca una hoja plastificada con los horarios de Monbús. «Esto es lo que tenemos, a ver si vale...». En la hoja en cuestión figura el teléfono de atención al cliente de la empresa que gestiona el transporte colectivo en O Grove. Una llamada debería ayudar a resolver dudas. Y lo hace si las preguntas atañen al día corriente. Pero no se admiten cuestiones sobre el futuro. «El día 5 va a entrar en servicio la circular de playas, pero aún no sabemos los horarios».