Una noche de palabras y whisky

María Hermida
María Hermida VILAGARCÍA

AROUSA

En directo | Concierto de Javier Krahe en El Náutico Las pequeñas cosas. Las anécdotas. Los trozos de vida, sumados a una buena dosis de mala leche, compusieron el espectáculo del cantautor madrileño

26 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Krahe es un respiro. Acostumbrados a las citas musicales con tecnología punta y complicada parafernalia, fans chillones y estresados, megafonía por doquier y focos de luz cegadores, el concierto de Krahe es el limbo. El compositor de El Cuervo Ingenuo es él, su vaso de whisky y un guitarrista. Palabra y voz entre el mundanal ruido. Más allá de las doce de la noche, con el murmullo del mar de San Vicente de O Grove oyéndose a lo lejos, la voz de Krahe comienza a sonar en El Náutico. Es el de siempre. Su vaso sobre un bongó, una camisa raída y su tocayo Javier López (el guitarrista) sentado a la izquierda. No falta ni el purito ni una armónica para acompañar algunos temas. Comienza a hablar. Sí, a charlar, porque más que canciones, Javier adapta las letras a su mónologo hablado. A cada tema lo acompaña un preludio exquisito. Del mejor humor: «es que yo ahora soy presidente de la comunidad de vecinos, por eso tengo que ocuparme de los asuntos de la escalera», dice Krahe. Seguidamente, apaga el purito y comienza su tema Vecindario. «Mi esposa padece furor uterino, no damos abasto ni yo ni el vecino. Y a mi me da pena el pobre Avelino. Cada dos por tres me invento algún viaje para reponerme de su amor salvaje y ella en cuanto salgo le ordena que baje. Ya se rasga su camisón», cuenta la canción. Sus anécdotas Las risas y los aplausos arrancan en el local de San Vicente. Él sigue su rumbo. Cuenta la historia de una chica que le pidió hacer un largo viaje y él le dijo que mejor se quedaran donde estaban pero, eso sí, «la canción la escribí como si hubiéramos ido». Pequeñas cosas, muchas anécdotas y uno por uno van saliendo los temas de su último disco Cábalas y cicatrices También aparecen canciones de cuando Javier Krahe aún no peinaba canas y otras que no han visto la luz en ningún elepé. Entre amigos. Así podría definirse su concierto sobre la madera de El Náutico. Pasan los temas y no duda en decirle al camarero que tiene un encargo para la barra. «Que sean dos», apostilla el guitarrista. Y una nueva cerveza y un whisky se posan en el bongó. Prosigue la calma. Sin prisas, con el tiempo por delante, va ofreciendo ese humor ácido y puñetero que siempre le ha definido. Dos horas de música y baja de la tarima. Es uno más del repleto local. Se nota que Krahe está en su casa.