Viaje hacia atrás en el tiempo

La Voz

AROUSA

El Palomar Las agujas del reloj comienzan a girar hacia la izquierda. Prepárense a cubrir cinco, seis, siete siglos de un salto con la Festa Medieval de A Escardia

18 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Pequeños reyes, bufones, cazadores, varios certeros arqueros y mucho más pudo verse ayer en el colegio de A Estrada, que ofreció la más colorista despedida al curso de la jornada. La escrupulosa organización del evento no dejó nada al azar. El cierre perimetral del recinto fue convertido, por arte de manualidades, en una infranqueable muralla almenada de cartón, que sólo era posible franquear con el ánimo festivo que exigía la secular ocasión. Los chavales de A Escardia lucían todo tipo de disfraces, desde el clérigo de turno hasta el más noble caballero de la corte vilagarciana. Unos y otros abrieron los ojos como platos ante una de las más atractivas actividades programadas para la Festa Medieval: la exhibición de un halcón y otras rapaces dedicadas al noble arte de la cetrería -caza con aves- hoy en desuso. Cabe señalar que, pese a la debacle de esta actividad a la que los nobles de antaño dedicaban buena parte de sus horas de trabajo, el personal no pasó en absoluto hambre. De ello se encargaron las hábiles manos de mesoneras y mesoneros, que ofrecieron un menú compuesto por tortillas, empanadas y un chorizo con pan que de bueno era impresionante. Los postres, enseñoreados por la tarta de queso, consiguieron doblegar los más resistentes paladares. Por supuesto, ninguna fiesta puede reclamarse medieval sin un buen mercado que la cobije y le dé sentido. En este caso, fue la plantación de especies aromáticas, realizada al abrigo de Voz Natura, la que proporcionó materia prima para instalar diversos puestos. No había halcones, cierto. Pero otro tipo de aves habitaban el noble castillo de A Escardia. En una esquina, convenientemente protegidos por una red de malla, gallinas, patos y ocas correteaban en pos del grano, la paja y las migas de pan que arrojaban a puñados los más pequeños del lugar. Y así se selló el sortilegio temporal, que se romperá, como cada año, en septiembre.