Los perros y sus dueños

| SERXIO GONZÁLEZ |

AROUSA

CADA VEZ que piso el recado de un perro en mitad de la acera me acuerdo de la familia de su dueño. En mi calle, su presencia es constante. Las deposiciones de las mascotas son habitantes habituales de los propios jardines de Ravella, frente a la Casa do Concello, donde juegan los chavales. Las palmeras del parque de Miguel Hernández rebosan de tan llamativo abono con frecuencia inaudita. Mientras las alegrías a la hora de aparcar se pagan caras, con rigor y la correspondiente receta de la Policía Local, los propietarios de muchos y variados canes pasean su incontinencia con descaro por las calles y plazas de nuestros pueblos. En O Grove lo tienen claro. Los chavales creen que se trata del principal problema que aqueja a su entorno natural. Que vayan tomando nota los administradores de lo público. Aquí, también, el que ensucia debería pagar.