Prohibido morirse en viernes

MARTA VARELA

AROUSA

AREOSO | O |

08 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

UNA, será porque nació en el interior, siente un gran respeto por los animales, de un modo especial por aquellos que le dan de comer. Recuerdo cuando era pequeña y tuve que sufrir la muerte da Paloma, una vaca tan blanca y tan mansa que parecía que la pobre hubiese querido hacer honor a su nombre. Cuando la vieja Paloma falleció, mi abuelo cavó una gran fosa en el prado cercano a la casa. Allí la enterramos, y mi prima y yo la cubrimos cuidadosamente con un manto de margaritas. Los niños de hoy no podrían, aunque quisiesen, hacer este sencillo homenaje a uno de sus animales. Desde hace unos años está prohibido -como es lógico, por cierto- enterrar cualquier clase de bicho, bajo pena de que lo que usted cree un gesto de cariño sea tildado como delito ambiental. La Xunta se encarga de retirar a los animales muertos para evitar cualquier riesgo de contaminación. Es una excelente solución, pensarán ustedes. Y lo es. Siempre, claro, que a su bicho no se le ocurra morirse en viernes. Si su animal resulta tan inoportuno, tendrá usted todo un fin de semana para velar su cuerpo. Ya sabe, en San Caetano no se trabaja en fin de semana.