ENTRE LÍNEAS
12 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.LOS NIÑOS no temen a nada. Jamás tienen sensación de peligro. Son capaces de hacer equilibrios en el filo de un balcón con una sonrisa en la boca y sin imaginarse que están a un tris de partirse la crisma. Pero nosotros no somos niños, aunque muchas veces pecamos del mismo delito: arriesgarnos sin motivo por no identificar dónde está el peligro. Esto es exactamente lo que les pasa a muchos hombres de mar, curtidos en mil y una batallas contra el océano y que, sin embargo, aún no saben nadar. Luego pasa lo que pasa. Un resbalón en la batea, una caída o cualquier otro desafortunado percance que acaba en funeral. Algo de eso hay en lo que por desgracia le ha pasado a los bateeiros hermanos de Vilanova. Uno no sabía nadar. Ninguno de ellos llevaba el chaleco salvavidas. Si es usted marinero, reflexione. Quizás así salve su vida.