Maldito día

AROUSA

AREOSO | O |

11 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

CADA vez que escucho a alguien decir que las desgracias nunca vienen solas se me llena la cabeza con el título de un libro que leí mil veces cuando era pequeña. Era una de las aventuras originales de Guillermo Brown. En la portada, el desaseado y terrible protagonista aparecía flanqueado por dos niñas con pinta de ser terriblemente pijas e insoportables. En mi universo infantil, no podía imaginarme ninguna desgracia peor que tener que compartir mis horas de juego con dos personas así. Ha pasado mucho tiempo, pero ayer el rostro de las dos repijas se escaparon del cajón de la memoria y ocuparon mi cerebro muchas veces. Las desgracias parecen seguir viniendo a pares a encontrarse con nosotros. A veces son pequeños disgustos. Otras veces son tragedias tan enormes que asimilarlas cuesta mucho trabajo. Aunque sólo sean vividas desde la barrera. El lunes fue un día maldito. El agua y el fuego, dos elementos supuestamente antagónicos, encontraron un punto de encuentro al convertirse en armas mortales. Y en los peores y más crueles verdugos. La muerte atacó fuerte en Arousa y dejó a su paso un rastro de preguntas y de dudas y una tristeza infinita. De Rianxo a Vilagarcía.