Medio siglo por un molino

Maruxa Alfonso Laya
M. Alfonso VILAGARCÍA

AROUSA

VÍTOR MEJUTO

Reportaje | Lucha por la recuperación de la propiedad de A Seca Las reivindicaciones de Miguel Prego por el entorno cambadés comenzaron allá por los años cincuenta cuando impidió a los pescadores trabajar en su parcela

31 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Conseguir que el Tribunal Supremo te de la razón cuando tu adversario es el Ministerio de Medio Ambiente no es tarea sencilla, pero eso es lo que ha conseguido el cambadés Miguel Prego en su particular lucha por reclamar la titularidad del entorno de a Seca. Claro que para demostrar que era el titular de un estanque y un viejo molino ha necesitado medio siglo y centenares de recursos y escritos ante todo tipo de administraciones. Todo empezó en 1951. Los primeros a los que tuvo que enfrentarse este tenaz cambadés fue a los vecinos de la zona de Corvillón. Sus primeros escritos los remitió al ingeniero jefe de Obras Públicas y a la Comandancia de Vilagarcía para denunciar los daños «que están causando ciertos individuos al conjunto de los molinos de A Seca», explica. Pero sus mayores problemas llegaron cuando intentó construir un muro en pleno estanque con el fin de desecar una zona y dedicar la otra a un viviero de mariscos. Comenzó buscando una administración que le autorizara los trabajos y todas le respondieron que no era de su incumbencia. Entonces, «se levantaron los vecinos protestando, lo que dio lugar a la intervención de varios ministerios». Primero le notificaron que debía derribar el puente y le impusieron una sanción de dos mil pesetas. Tras intercambiar más de una veintena de escritos recurre al departamente marítimo de Ferrol. Levantamiento vecinal Tenaz como nadie, Prego siguió denunciando los daños que los vecinos le estaban causando pero en 1953 «se levantan los vecinos por inicaitiva del sacerdote de Corvillón tocando las campanas a arrebato y reuniendo gente desde el cruce de la carretera de A Modia y Tragove hasta la plaza de Fefiñáns», explica. La suerte quiso que en ese momento Prego pasara por el lugar, «seguí adelante montado en la vespa y al darme cuenta de que la concentración era en contra nuestra, le di a todo gas pasando ante la sorpresa de los manifestantes, aunque recibí algunos objetos», relata. Y es que los cambadeses pretendían pescar en un lugar que, según Prego, era de su propiedad. Durante los años siguiente continúa recibiendo sanciones por las obras e incluso es condenado a diez días de cárcel, por lo que tuvo que esconderse hasta que consiguió el indulto. «Por capricho del alcalde Peña ingresé en la cárcel de la Parda y me liberaron a las tres horas. Gracias a un vecino que conocía dentro de la prisión, no me cortaron el pelo», narra. Y vuelta a empezar Finalmente, todas las sanciones decretadas a lo largo de los años fueron declaradas nulas, pero en 1992 llegaba el deslinde de Costas de la zona de A Seca que aseguraba que los terrenos por los que tanto había luchado Prego eran de dominio público. Y ahí comenzó una nueva odisea que no terminaría hasta este año cuando el Supremo anuló el citado deslinde.