La atención al público en horario de tarde no es suficiente

Serxio González Souto
Serxio González VILAGARCÍA

AROUSA

ALEJANDRO RODRÍGUEZ

?uien haya recurrido a los servicios del Inem en alguna ocasión conocerá el estricto horario que suelen cumplir las oficinas de empleo, con un margen determinado para apartados como, por ejemplo, la renovación de tarjetas. Pues bien, el índice más claro de lo que está sucediendo en Vilagarcía es el hecho de que los funcionarios estén atendiendo al público durante varias tardes a la semana. Ni siquiera así es posible mantener al día la tramitación de las prestaciones. ?os problemas de personal de la oficina del Instituto Nacional de Empleo (Inem) de Vilagarcía han acabado por transmitirse dramáticamente a los usuarios del servicio. No es la primera vez que sucede algo parecido. Hace un par de años, el pago de las prestaciones económicas sufrió un retraso de varios meses en toda Galicia. Sin embargo, en esta ocasión no se trata de dificultades de liquidez ni de una falta de previsión. Sencillamente, la carga de trabajo supera por completo a la exigua plantilla de la oficina arousana, que se limita a tres personas. El resultado de esta situación es grave. Los parados que se vean obligados a tramitar su prestación ahora no comenzarán a cobrar hasta abril. Así de claro se lo comunican los funcionarios del Inem a los boquiabiertos beneficiarios. El ministerio, no la Xunta Actualmente, los servicios relacionados con el empleo que la Administración oferta en Galicia están disgregados en dos áreas. La Xunta ha asumido la mayor parte de las competencias del antiguo Inem a través del Servicio Galego de Colocación. Todo lo que tenga que ver con ofertas de trabajo, orientación y formación depende del organismo autonómico. El Estado, por su parte, se reserva la gestión de las prestaciones económicas, reguladas bajo el actual Inem, en la órbita del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Es este segundo ámbito el que se encuentra totalmente colapsado. Un refuerzo de última hora La semana pasada, únicamente dos personas atendían las solicitudes de los desempleados de Vilagarcía, que en no pocas ocasiones formaban en largas colas ante los mostradores. Ayer, la delegación de Vigo, de la que dependen las oficinas de toda la provincia, envió a la capital arousana un refuerzo de última hora: un tercer operario que se encarga de tareas de archivo. Parece difícil, en cualquier caso, que su mera presencia desbloquee el colapso.