AREOSO | O |
14 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.LA vida política cesureña anda estos días un poco revuelta por el asunto del club náutico. No me atrevería a juzgar quién tiene razón ni a decir si lo mejor para Cesures es ampliar el actual o construir uno nuevo. Pero seguramente esto es lo de menos en todo este galimatías que se ha formado. Porque tengo la sospecha de que, hoy por hoy, el PSOE de Pontecesures se opondría a cualquier cosa que propusiesen sus antiguos socios de gobierno. Su enfado es legítimo y, sobre todo, humano. Tenía sus razones para reclamar lo que reclamaba a la hora de pactar, y Angueira tenía también sus motivos para no aceptar. La decisión del ahora alcalde, fuese cual fuese, iba a tener consecuencias en la vida municipal. Y las primeras están llegando. Sin embargo, la razón que puede asistir al representante socialista queda inmediatamente anulada si su forma de actuación pasa a ser el no porque no . La sensación es que esto es lo que está ocurriendo en Pontecesures -y no es el único caso en esta zona-. Y esto es lo peligroso, porque al final, como es obvio, los que salen perdiendo no son Gerpe, ni Angueira, ni Sabariz, sino todos los cesureños.