CON GOTAS | O |
17 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.MI PRIMER hijo nació en noviembre del 2001 en el Hospital do Salnés. El parto fue un desastre por lo que respecta al sufrimiento de la madre y el niño. Un trance innecesario, que nadie debería padecer a estas alturas. Mi segundo hijo acaba de nacer, hace exactamente una semana. El parto fue perfecto. En un par de años, la unidad de obstetricia del centro arousano ha avanzado hasta convertirse en el única del sistema público gallego que garantiza un alumbramiento sin dolor a todas las mujeres que lo soliciten. Este hecho constituye una respuesta verdaderamente eficaz a las exigencias de una sociedad desarrollada. Pero la calidad del servicio no se limita a la aplicación de anestesias. Durante cuatro días he podido comprobar cómo el personal de O Salnés se esfuerza por ofrecer el mejor trato a sus pacientes. Incluso bajo la carestía de medios asociada a las fundaciones, y en momentos tan tensos como la víspera de unas oposiciones que afectan a buena parte de la plantilla, en situación de interinaje, obligada a compaginar su labor con la preparación de unas pruebas en las que se juegan el pan. Su profesionalidad es el activo más valioso de este hospital. A todos ellos, gracias y mucha suerte.