Desde el fantasma del palacio real al desembarco de Cuíña

Serxio González Souto
Serxio González VILAGARCÍA

AROUSA

Crónica | Cronología de un sueño fracasado Los vecinos la entregaron a la fuerza a Alfonso XIII para una residencia veraniega que nunca se construyó. El ex conselleiro quiso enmendar una infamia secular. Tampoco lo consiguió.

04 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

?os potentados pontevedreses del temprano siglo XX quisieron ver en Cortegada una residencia real a toda costa. Así se fraguó la expulsión de los habitantes de la isla vilagarciana, camuflada bajo la figura de graciosa cesion al monarca Alfonso XIII, que recibió la escritura definitiva en 1910, cuando las obras del palacio de la Magdalena, en Santander, ya estaban en marcha. De tal guisa comenzaba una lamentable historia que hoy, casi cien años más tarde, sigue tan enfangada como entonces. Salvo un ligero paréntesis, marcado por su recuperación en la Segunda Repúbica, Cortegada ha continuado hasta la fecha en manos privadas. Primero con Don Juan de Borbón y más tarde, a partir de 1978, con la inmobiliaria Cortegada SL, a la que el conde de Barcelona tuvo a bien vender la isla por el módico precio de sesenta millones de pesetas. Baste decir que en cuanto la Xunta y el Concello de Vilagarcía decidieron frenar sus intenciones urbanizadoras, la empresa reclamó dos mil millones de pesetas. Superada la década de los ochenta, en la que el Ayuntamiento da una de cal y otra de arena, con pactos y revisiones de pactos sobre la forma y el momento en que Cortegada podría transformarse en urbanización de lujo, se inicia el trompicado intento de recuperar la isla para el patrimonio público. La comisión ciudadana se crea en 1989. Dos años después, la Xunta establece un régimen de protección preventivo, que, con el refuerzo de la Ley de Costas, hace prácticamente inviable el proyecto de la inmobiliaria. En 1997, y tras rechazar la construcción de un puente, el Concello cataloga el suelo de la isla como no urbanizable. Finalmente, el Ayuntamiento pide al Gobierno gallego la adquisición del archipiélago. El entonces responsable de Obras Públicas, Xosé Cuíña, hace suya la devolución de Cortegada al pueblo de Carril. Después de negociar sin éxito con la empresa, el ex conselleiro se lanza y, junto a Javier Gago, desembarca en la isla y proclama el inicio de la expropiación. Era el 15 de marzo del 2001. La paralización se lleva por delante un sueño que incluso fue contabilizado: 2,7 millones de euros.