Crónica | El fin del cerco falangista en Loenzo Los esfuerzos por hallar las tumbas de las personas abatidas a tiros por un centenar de falangistas en 1937 son vanos. Sus restos acabaron en una fosa común
03 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?urante meses, los familiares de Manuel Limeres Ordóñez, una de las cinco personas -cuatro hombres y una mujer- asesinadas a tiros por un centenar de falangistas en una vivienda de Loenzo, acariciaron la posibilidad de encontrar al fin su tumba y honrar, siete décadas más tarde, al joven de 28 años que caía en un vergonzoso y desproporcionado cerco el 16 de febrero de 1937. Su empeño, sin embargo, no podrá obtener frutos. Un relato sobre lo sucedido aquel día, transmitido oralmente de enterrador a enterrador, abrió la puerta a la esperanza. De acuerdo con la versión del sepulturero que operaba en Vilagarcía en 1937, los cuerpos de los republicanos asesinados fueron trasladados en un carro y abandonados en la entrada del cementerio. El trabajador los habría recogido y les habría dado tierra en unas tumbas anónimas, ubicadas junto a la capilla del camposanto. Animada por este apunte, la familia de Manuel Limeres acudió al registro civil para consultar la documentación existente sobre el destino del cuerpo del joven. Y el registro ratificó, efectivamente, la historia de los sepultureros: «El cadáver recibió sepultura en el cementerio de Vilagarcía», reza el asiento correspondiente, que de acuerdo con los maquillajes de la época atribuye la muerte del muchacho a «una acción de guerra con la fuerza pública». El siguiente paso, ya en el registro municipal, supuso un encontronazo con la realidad y una decepción. En principio, los asientos depositados en Vilagarcía no acertaban a aclarar del todo el estado de los nichos investigados ni la identidad de quienes podían haberlos ocupado. Sin embargo, finalmente sí fue posible reconstruir la historia. Efectivamente, los cuerpos de los cinco republicanos fueron trasladados al cementerio de Rubíans. Pero lo restos no acabaron en varias tumbas, sino en una fosa común. A medidados de la década de los cincuenta, los restos fueron exhumados y depositados en el cenicero. Imposible localizarlos.