De la vida municipal

AROUSA

AREOSO | O |

27 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

SI alguien podría pensar que después de las municipales llega la calma a la vida política de la comarca, está muy equivocado. Después de semanas de acusaciones, promesas y discursos las trifulcas vuelve a empezar. ¿Cuál suele ser el principal problema en estos casos? Pues nada más y nada menos que los sueldos que nuestros queridos políticos van a cobrar por regir sus respectivos concellos. Y mira que llevan años dándole vueltas al asunto, pero parece que no hay manera de ponerlos a todos de acuerdo. Primer ejemplo: Cambados. Nadie protesta por los sueldos que percibirán los dos concejales liberados, pero la oposición exige también una parte para ejercer su labor. Primero un local en el que llevar a cabo su actividad y después una asignación anual para gastos. Algo normal porque ellos también dedican tiempo y dinero a trabajar por el municipio. Pero claro, ¿cuánto debería corresponderle? Pues en este caso será lo que estime el equipo de gobierno, que tiene mayoría. Segundo ejemplo: O Grove. El alcalde está pensando en subirse el sueldo. Y quizás aquí también debería ser normal porque, a lo mejor, no es suficiente. Pero Pérez tendrá más problemas porque carece de mayoría. Los mismos que sufrirán en A Illa para volver a liberar a su regidor. El problema de todo esto es que quizás, en algunos casos, se esté cometiendo una injusticia y mientras unos pueden cobrar lo que les apetezca otros tendrán que conformarse con lo que les den. Entonces, ¿no sería mejor que todas estas partidas estuvieran reguladas por ley en función del número de habitantes? Muchos se ahorrarían un gran problema.