Abarcar pero sin apretar

MARÍA REY

AROUSA

AREOSO | O |

17 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

VALDEPEÑAS no ha querido ni oír hablar de celebrar los Xogos do Viño, que allí serían los Juegos del Vino. Dicen por esas tierras que no tienen dinero para hacerse cargo de semejante evento. Ya dice la sabiduría popular que quien mucho abarca poco aprieta. Y en las tierras castellanas aún deben tener fresco el recuerdo de las incalculadas cotas de amarga gloria alcanzadas por Cambados en la pasada edición. Y es que en Cambados se quiso abarcar mucho aún a costa de apretar poco. Y en ese afán, hospedaron a los chavales que venían felices y contentos a una mini olimpiada en un pabellón con suelo de tierra. Un auténtico cocedero, una sala de torturas coronada por unos baños inmundos. Vamos, que los niños venían con ansias de triunfar en el deporte y se fueron satisfechos por haber logrado sobrevivir a una villa olímpica cutre y cochambrosa. Ya se sabe que entre los ayuntamientos suele haber un ansia de competición no escrita, ni reconocida. Por eso estoy casi segura de que a Valdepeñas le tuvo que doler el corazón para decir no a la organización de los Xogos. Porque tenían garantizado que iban a salir mejor parados del reto que Cambados -lo tenían más fácil que hacer la «o» con un canuto-. Hacerlo peor que el la villa del Albariño no podrían, por poco dinero que tuviesen. Ojalá cunda el ejemplo. Ojalá todos los responsables de todas las administraciones supiesen renunciar a un minuto de gloria si lo ganan a costa de enlatar a niños y deportistas en cualquier galpón de mala muerte. Pero me pega que no vamos a tener suerte. Que la gloria, al final, gusta demasiado. Aunque sea de la mala.