El aterrizaje forzoso de Fole salvó el reto de los comicios. La algarada de los de Rubianes evidencia ahora la necesidad de reformas internas a su medida
09 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?l mal trago no se ha hecho esperar en un partido muy necesitado de referentes sólidos y duraderos. El último congreso local, añorado durante años, consolidó en la castigada agrupación arousana una ejecutiva que puso en marcha lo que hoy es el PP de Vilagarcía. Sin embargo, las tensiones internas a las que la fatalidad ha sometido a los conservadores vilagarcianos en la recta final de la precampaña, exigen nuevas respuestas. Lo sucedido con Rubianes así lo demuestra. Tomás Fole llegó al PP como solución de emergencia. Las urnas le han puesto en disposición de dibujar algo más que un buen resultado en la política local. Los mimbres del 25-M otorgan, por primera vez en mucho tiempo, tranquilidad y confianza para la elaboración de un proyecto con ciertas garantías de futuro. Pero, las cosas como son, en todo proceso de renovación, forzado o no, hay alguien que pierde. En este caso, son varios los miembros de la ejecutiva que han visto frustrada su hambre de destacar en el seno del PP. Nombres como los de Juan Rubianes, Francisco Sánchez Rivas o Manuel Portas constituyen, tal vez, el mejor ejemplo. Su rebelión, a la desesperada, desvela la ansiedad de quienes se ven descolgados de la carrera política cuando acariciaban otras aspiraciones. No debería extrañarles, pues de su mano también cayeron otros que en su día quisieron imprimir una dinámica propia a la agrupación vilagarciana. El acierto de Fole reside en haber arbitrado las distintas sensibilidades internas. De haí que el grupo que apoyó a Marta Rodríguez haya sido el primero en salir en su defensa. El candidato hizo un guiño al cuiñismo, invitando al ex conselleiro a participar en la campaña. Y los gestos hacia Juan Carlos Maneiro, que ha trabajo duro pese al aislamiento al que fue sometido, podrían tender un nuevo puente hacia ese sector galleguista. Parece claro que ahora llega el momento de que Fole elabore su propio equipo. Es ley de política.