CON GOTAS
04 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Las castigadas pituitarias de los vecinos de Sobradelo están de nuevo en alerta. Parece que una nueva empresa de transformación de alimentos se apresta a instalarse en el recinto portuario. Por mucho que se explique el tema, lo cierto es que, con la tecnología en la mano, pocos remedios aciertan a evitar los malos olores generados por este tipo de complejos. No es cuestión de frenar el desarrollo del Puerto de Vilagarcía, ni mucho menos. Pero sería conveniente que en la planificación de las actividades emergentes se tuviesen en cuenta este tipo de factores. Más que nada, para lograr de una vez esa ansiada ósmosis entre los ciudadanos y su puerto. POR el precio de un televisor -nada de panorámicas de lujo, ojo, algo de andar por casa, con las pulgadas justas para conservar la vista- come cada una de las doscientas mil familias gallegas que todos los meses coquetean con la miseria. Esos seiscientos euros descubren las vergüenzas de una sociedad a la que le gusta soñarse en el futuro mientras sus pies se hunden en la pesadilla de la pobreza. Los salarios rozan en esta golpeada esquina el fondo del saco español. Existe una próspera economía negra que, de emerger, podría modificar este penoso récord. Mientras los próceres que la dirigen y llenan sus bolsillos con ella se lo piensan, lo que fomentan es la desregulación del empleo, la pérdida de derechos fundamentales y la muerte de la diginidad. Todo esto también es plan Galicia, pero la solución no está en las opiáceas subvenciones.