El candidato, muy arropado, dibujó un correcto discurso hasta que un veterano militante arremetió contra el presidente provincial por una promesa incumplida
16 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?a política tiene sus contradicciones, sobre todo cuando se ejerce el poder, y esas contradicciones pueden asaltar al candidato cuando menos se lo espera. El aspirante popular a la alcaldía de Vilagarcía pudo comprobarlo en sus propias carnes esta semana, en el mitin concertado por su formación en la sociedad cultural Os Borrizos. El momento era de los de gala, porque Cornazo es una sobresaliente parroquia, en la que la concentración de políticos por metro cuadrado asombra al más pintado. Nombres como Modesto Pose, Amadeo Rodríguez, Manolo Portas, Manolo Cuervo o Rivera Mallo, asientan sus reales moradas en la ondulada geografía cornaciana. Tarde soleada, en fin, con nutrida asistencia al acto. Hasta cuarenta personas, que arroparon cálidamente a Tomás Fole. No en vano, casi toda la candidatura del PP estaba presente en la casa cultural. Fole, neófito en estas lides, contó con un introductor de excepción, Manolo Portas. Parece mentira lo que este hombre se ha curtido como portavoz municipal. Portas habla el lenguaje de su gente con claridad. Dosificó la retranca -«ós do BNG chégalles unha folla para o programa, que por unha cara poña Nunca Máis e pola outra Non á guerra»-, fustigó al gobierno local -«estamos asustados de que con só 5 millóns para inversións fagan parques e auditorios»- y vendió sus logros para la parroquia. A saber, fiestas y viajes para la tercera edad o 2,5 millones de pesetas de la Diputación para el arreglo de la capilla incendiada. Y lo que no se pudo hacer, fue por culpa de maquinaciones sociatas. Fole recogió los mimbres de Portas y hurdió un discurso más que aceptable, teniendo en cuenta el escaso margen del que ha dispuesto para preparar la campaña. Contentó al respetable al dibujar una Vilagarcía centrípeta, que el PSOE cuida en el centro pero descuida en las parroquias, y abundó en las eivas clásicas que el PP achaca a la capital arousana: pérdida de protagonismo en la comarca y en Galicia, ausencia de política industrial y nulas infraestructuras turísticas. Cuando todo estaba hecho, y para demostrar el nuevo talante que dice buscar para el Concello, el candidato cedió la palabra al público. Un veterano militante, que ha presidido la asociación de vecinos y la junta de montes, levantó la voz entonces para arremeter contra el presidente provincial del PP: «Estou moi decepcionado, fíxonos andar por 50 casas pedindo autorizacións, porque ofrecera un camiño que levamos pedindo dende 1981 -la unión entre Cornazo de Arriba y Cornazo de Abaixo-, pero nada; estivéronse rindo de nós. Parece que a Rafael lle chega cos votos de Ribadumia, ¿Con que cara vou eu agora a pedirlle os votos a esa xente?». Portas intentó frenar la acometida, pero era tarde. Es más, arrinconado por las quejas del paisano, al buen Manolo se le escapó un sincero «os que mandan, cando collen o sillón, esquécense de nós». Vaya. Las quejas del vecino arrinconaron a Portas, que acabó lamentando que «os que mandan, cando collen o sillón, se esquezan de nós»