Ivil suspendió a última hora sus dos actos ante la semifinal de la Champions, pero nadie avisó a los vecinos. «Perdeu o noso voto», bromea una de las damnificadas
15 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?l fútbol juega, a menudo, malas pasadas al aficionado. El miércoles fue uno de esos días que pasan factura al hooligan más pintado. El Madrid recibió su repaso de los años impares ante la Juventus. Pero, además, provocó que Independientes por Vilagarcía suspendiese sus dos actos programados para la aciaga noche en A Laxe y Castroagudín. Y, lo que es peor, los muchachos de Rivera no avisaron a los vecinos, algunos de los cuales, plantificados ante la puerta de la sociedad cultural, se quejaron amargamente del poco tacto demostrado por su líder político. Lo cierto es que la tarde pintaba bien para la arenga electoral. Solete majo, tranquilidad en el ambiente y el precedente a batir del día anterior, en el que Javier Gago y Manolo Cuervo visitaron la parroquia. Llegaba el momento de que Rivera diese el do de pecho en un terreno en el que se maneja a las mil maravillas. Pero no. El fantasma del fútbol pesó demasiado en el ánimo de los independientes, que no se atrevieron con la semifinal de la Champions. En el punto de encuentro se concentra una audiencia nada despreciable, teniendo en cuenta la baja afluencia de personal que arrastran estas elecciones. Un grupo de cuatro personas comenta las incidencias del día frente al centro cultural. De repente, un automóvil hace acto de presencia. De él desciende un matrimonio que ha cruzado medio municipio, desde San José, para escuchar el verbo fácil de don José Luis. El hombre es de los acérrimos seguidores de Rivera. Luce carné de Ivil y estuvo con él en alguna directiva de aquel Partido Popular que llegó a gobernar el concello. Con dos llamadas, soluciona el entuerto. Efectivamente, todo queda suspendido hasta el mediodía del domingo. Pero ni un mal cartelillo en la puerta de la sociedad de A Laxe. Seis electores se han quedado con las ganas. «Xa perdeu os nosos votos», advierte una señora, molesta ante un plantón para el que no encuentra explicación. No obstante, lo suyo parece más un irónico arranque de genio que una intención cierta de castigar al candidato independiente. Rivera, el muy truhán, los tiene en el bote. «Non, home, non, é broma», reconoce la entregada seguidora. El caso es que los vecinos no han podido trasladar sus quejas y reclamaciones al aspirante de Ivil. Así que, ni cortos ni perezosos, descargan la artillería sobre los cronistas allí presentes. Sepan, por lo tanto, que los vecinos de A Laxe están «sublevados» o «endiablados», y a punto de manifestarse. No les gusta un pelo que la fundación LAR, que ocupa el pazo del lugar, haya derribado el muro que «defendía» su capilla. «Todos son trabas», denuncia uno de ellos. El domingo podrán decírselo a Rivera. ¿O no?