?uando Carmen se levantó ayer se presentaba ante ella un día normal. Y normal fue hasta que su marido volvió a casa con una mala noticia. El sorteo de la ONCE había dejado en el bar Pata Negra, donde solía comprar el cupón, una suculenta lluvia de millones. Y en esta ocasión, Ricardo no había comprado. Convencida de que la suerte se le había escapado entre los dedos, Carmen contestó que ella «comprara un ó vendedor, e pregunteille en qué número acabara o premio. Díxome que en cinco, e eu contesteille que polo menos tiñamos o reintegro». Pero cuando Carmen le mostró el cupón a su marido, la jornada dejó de ser normal para convertirse en «un día tonto, con ansiedade e con algo de angustia». Eran cinco millones de euros más ricos. Hace 24 años, a este matrimonio la lotería de Navidad les había dejado otros cinco millones, en aquel caso de pesetas. Con ese dinero se compraron la casa en la que viven y tienen su negocio. Ahora, con el equivalente de 830 millones de pesetas, pretenden comprarle un piso a cada uno de sus hijos y una Nintendo a unos de sus nietos. «Pedíralla ós reis, e agora vaina ter», aseguraba la abuela. Y un buen regalo para el vendedor de cupones, «que nos vendeu a sorte». Carmen asegura que seguirá trabajando como ha hecho desde que tenía 14 años. Y el mismo propósito tiene su marido, que piensa seguir cumpliendo con su cometido en el campo de golf «mentras a saúde o permita».