El Momo despide el carnaval

Begoña Paso VILAGARCÍA

AROUSA

El muñeco que queman en Vilanova simbolizaba este año a un político pertrechado con una pala y un cubo totalmente cubiertos del negro fuel del «Prestige»

10 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

El carnaval es la fiesta que más dura. Al menos en Arousa. Sin embargo, todo tiene su final y al entroido le llegó este domingo. La cita esta vez sólo tenía dos puntos: Vilanova y O Grove. La tradicional quema del Momo es el punto álgido del carnaval vilanovés y uno de los momentos más típicos y esperados del homenaje que la comarca de Arousa tributa todos los años a Don Carnal.En esta ocasión, y como no podía ser de otro modo, el Momo hacía referencia a la marea negra que provocó el Prestige tras irse a pique con casi 80.000 toneladas de fuel en sus bodegas.Los vecinos de Vilanova quisieron por ello vestir a su Momo de modo elegante, recordando a uno de esos políticos burócratas que tomaron la decisión de alejar al Prestige en un rumbo errático que supuso la mayor tragedia ecológica de Galicia al quedar toda la costa llena de chapapote. A diferencia de esos políticos, el muñeco llevaba una pala y un cubo llenos de fuel negro. Y es que el Momo sí debió de ir a recoger el vertido a las playas, a diferencia de lo que hicieron los personajes a los que parodió el Momo.Para los que aún tuvieran dudas sobre lo que este año significaba el muñeco, un cartel explicativo ponía luz sobre el asunto: «Eles tamén teñen moito que limpar», podía leerse en el panfleto que acompañaba al muñeco.El Momo recorrió las principales calles de Vilanova acompañado por cientos de vecinos hasta su cruel destino: las llamas. Mientras ardía, las oraciones del entierro fueron de lo más reivindicativas: «Galicia clama indignada por tanta barbaridade, nunca máis dicimos todos polos pobos e cidades, parece feito a posta para poderen mercar o voto dos mariñeiros cunha paga para olvidar», decían los reunidos en el sepelio. Domingo oleiro En O Grove, terminaron el carnaval como lo empezaron: ensalzando el entroido tradicional. Esta vez fue el domingo oleiro, una antigua tradición que se revivió en la plaza de O Corgo y por la cual los participantes juegan a golpear ollas colgadas con los ojos cerrados para después pasar a lanzarlas por parejas. El que la deja caer pierde. La actividad reunió a un buen número de carnavaleros.