?ocas trayectorias pueden competir con la suya en intensidad, contratiempos, caídas y auges. Otros han desaparecido del mapa político de Vilagarcía. Él, continúa en la brecha. Tras abrazar la presidencia del PP, la alcaldía, un acta de senador y la presidencia de la Autoridad Portuaria, José Luis Rivera Mallo, protagonista de la escisión por la que todavía sangra el Partido Popular, sigue batiéndose el cobre al frente de un partido independiente por el que nadie daba un duro, pero que, hoy por hoy, es el objeto más deseado por los diseñadores de la pretendida recuperación de la derecha en la capital arousana. La receta de Rivera para sobrevivir a casi todo requiere matizadas disquisiciones. Sin duda, uno de sus principales ingredientes hunde sus raíces en sus ocho años al frente del Concello, una temporada en la que cimentó adhesiones inquebrantables. No faltan en el PP quienes discuten y discutieron abiertamente sus métodos para conseguirlo. Pero lo cierto es que el ex alcalde, ex senador y ex presidente portuario contribuyó a levantar y sostener al partido que más tarde quiso darle matarile por la puerta de atrás. Y lo hizo en los peores momentos, cuando la entonces AP ganaba bofetada tras bofetada en las generales frente al todopoderoso PSOE de Felipe González. De aquella época procede el Don José Luis con el que muchos siguen tratando hoy al líder independiente.Su habilidad para manejar los hilos que mueven al administrado -sólo él podría haber sentado las bases de un relleno como el del muelle de Comboa sin que las cofradías y los colectivos ecologistas dijesen ni mu- y los clamorosos errores de sus contrincantes -véase la famosa auditoría de Arthur Andersen- explican el resto. Rivera mantiene la cotización de Ivil en la política local. La puja está abierta.