05 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.
A Por primera vez en tres semanas, la ría de Arousa pudo respirar ayer relativamente tranquila. Dos días de lucha sin cuartel, con las manos desnudas, con uñas y dientes, contra la marea negra tuvieron la recompensa de un viento del noroeste que aleja la que al menos es la primera oleada de fuel de la ría más productiva del mundo. Seiscientas embarciones, entre barcos mejilloneros y gamelas, comprobaron que el cuerpo principal de la catástrofe del Prestige se aleja más allá de quince millas de la costa? Las previsiones para los próximos días son favorables. Pero la cruz de una jornada para la esperanza golpea a los arousanos con toda su crudeza: las playas de San Vicente están cubiertas de fuel. También allí la gente se deja el aliento.