Después del fin de semana estival que lució el inició de la Festa do Marisco de O Grove, las lluvias otoñales llegaron ayer a la comarca
08 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Tiempo cambiante Un día estamos aquí y otro allí. Un día te asas de calor, a pesar de los «shorts», y al siguiente tienes que sacar las botas del armario. Cosas de la meteorología. Y buena suerte hemos tenido hasta ahora. Un mes de octubre como este, que casi parecía un agosto necesitado de ventilador, no se recordaba. Mar adentro Tras un fin de semana de intenso calor en O Grove, el cambio climático, que parece adentrarnos ya en el otoño, favorecerá las visitas a exposiciones. Ahora apetecerá más sumergirse en «Mar adentro», una muestra que nos ofrece un recorrido por la historia a través de las imágenes de las antiguas naves de salazón que existían en la localidad. Un buen sitio para refugiarse de los aguaceros que acechan la comarca. La suerte de los lusos Portugal, su cultura y su folclore, fueron los protagonistas del inicio de la Festa do Marisco. No se si buena o mala suerte tuvieron nuestros vecinos lusos de toparse con un sol radiante y unas temperaturas playeras en la península meca. Supongo que los que se aplicaron sobre la mesa y el paseo turístico estaban encantados. Pero hay que ver el calor que pasan esas chiquitas que danzan al son de la música popular ataviadas con trajes regionales. Que si la camisola, que si el dengue ajustado al esternon, que si la falda, que si las medias de ganchillo calado, la cofia o el corsé. Así no hay quien pueda. Bueno, todo sea por la tradición. No hay nada que no salve una sombrilla. Y llegaron las lluvias Frente al calor estival que se vivió el fin de semana y que favoreció la asistencia a festejos varios, ayer cambiamos de paisaje con el regreso de las lluvias. Y no se vayan a pensar que no se esperaban con ganas. Ya era hora de que cayese alguna gota. A estas alturas, uno ya tiene ganas de sacar el chubasquero y estrenar esos trapitos de la temporada de otoño que todavía no se habían podido lucir por causa de las implacables temperaturas de los termómetros. La sombrilla se trueca ahora por el paraguas.