01 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.
Las obras de la casa consistorial de Vilagarcía son un claro ejemplo de la tesitura entre la que se debaten sus habitantes: conservar la tradición de un pasado brillante o subirse al carro de la modernidad. Y el grupo de gobierno optó por el camino de enmedio. Se mantiene la fachada y se reserva la funcionalidad para la parte interior. Las obras costaron unos 2,5 millones de euros, pero a los vilagarcianos, ni un duro. Todo lo paga la consellería del hijo adoptivo, Xosé Cuíña.