En O Grove se llevó a cabo la segunda parte de un cursillo cuya finalidad fue educar a los conductores en unos hábitos seguros al volante
28 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Con las manos al volante Así me encontraba yo ayer por la tarde en O Grove. Siempre he sido más bien patosilla con el coche y las ventajas que me ofrecía el cursillo de conducción segura eran inmensas. Tarde poco en echar cuentas y menos en apuntarme. Entre rallazos al coche y pequeños recuerdos en forma de abolladuras cada vez que intentaba encajar mi coche en ese espacio ínfimo que dejan todos los desaprensivos cada vez que aparcan, el responsable de mi compañía de seguros me conocía de sobra. Y para allá me fui, dispuesta a ser la alumna más aplicada y no volver a perder ni una bonificación más. Demasiados caballos Como todo novato, al principio estaba un poco nerviosa. Dominar un monstruo como el que pueden ver en las fotos de arriba no es fácil, se lo aseguro. A menos que acaricies el acelerador, un ruido de mil demonios te avisa de que una gran manada de caballos acecha bajo el capó, dispuesta a llevarte donde quieras. Si puedes domarlos, claro. Pero superadas las reticencias iniciales y las sonrisitas condescendientes que de soslayo me dedicaba mi monitor (ya saben, todo hombre considera el coche como uno de sus hábitats naturales por derecho de especie), arranqué y me lancé a la pista de pruebas. Progresa adecuadamente Tenían que haberme visto. Y aplaudido. Qué trompos, qué plasticidad en mis derrapes, qué combinación de marchas. Pasaba de la cuarta a la quinta con un desparpajo inusitado. Las marchas cortas y los intermitentes eran puros adornos. Ni los toqué durante mi particular rally. Al final, cuando eché el freno (más bien me coacionaron para que lo echara), salí del coche alegre como unas castañuelas. La cara de mi sufrido acompañante era todo un cuadro: pálido como un muerto, me felicitó por mi rápido aprendizaje pero seguro que deseando no volver a verme nunca más. Aunque eso a mí no me preocupaba. Yo ya controlaba al dedillo el noble arte de la conducción y, a partir de ese día, los partes del seguro iban a ser una historia más del pasado.