Pasiones para todas las edades

Begoña Paso redac.arousa@lavoz.es

AROUSA

L.B.

Las colas para ver a David Bisbal y Chenoa comenzaron en Fefiñáns a media mañana, justo la hora en la que el Club de Regatas celebraba su centenario

02 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Érase una vez En mi infancia, Ricitos de Oro era aquella niña mala que se comía la sopa de una familia de osos. Pero ahora Ricitos de Oro ha cambiado de sexo y se ha convertido en David Bisbal, un seductor que se ha metido en el bolsillo a abuelas, madres, hermanas mayores y, por contagio, a los más pequeños de cada casa. El concierto que ayer daba en Cambados causó furor. Auténtico furor. El chico, que es mono y sabe moverse sobre las tablas, se subió al escenario con Chenoa, la novia que para él ha elegido España. Fans repartidas El dúo causó auténtico furor. Tanto, tanto, que las colas para entrar en el recinto del concierto comenzaron a las once de la mañana. Fueron muchos los adolescentes que apostaron once horas de su vida para poder ver de cerca a las dos figuras del verano, que están pegando aún más fuerte que Rosa de España. Otros, más prácticos aunque no por ello menos fanáticos, prefirieron esperar a la cita con sus ídolos tomándose un tentempié en A Calzada. Que quieren que les diga, allí la espera era más llevadera. Y allí nos encontramos ayer con las dos fans más jóvenes de los modernos flautistas de Hamelin. Con camisetas y nombres pintados en las caras, como marcan los cánones del buen fanático. Otros protagonistas Cambados es estos días el centro de la movida de la comarca. Y aunque en la villa del albariño todo parece ir a otro ritmo _no me extraña, con las noches eternas que viven_ en el resto de Arousa el tiempo sigue adelante a su velocidad normal. En Vilagarcía, por ejemplo, se celebran los cien años de vida del Club de Regatas. Y ayer, con motivo de tan insigne fecha, el presidente de esa entidad, Pedro Piñeiro, y el presidente del Puerto, Benito González Aller, se intercambiaron unos obsequios y disfrutaron de un vinito español en compañía de los amigos de ambas instituciones. Yo me perdí los pinchitos, es imperdonable. Pero la culpa fue de El Canto del Loco, que me contagió las ganas de marcha en Cambados, entre vino y vino.