Rosa de España ocupa Cambados

ENRIQUE LAPIDO CAMBADOS

AROUSA

La actuación en Fefiñáns cierra la etapa gallega de los conciertos que tiene programados la cantante La artista eurovisiva hizo gala de su potente voz en la Praza de Fefiñáns

27 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

La fiesta salió a pedir de boca. Ninguna incidencia provocó la más mínima sorpresa en Cambados. Todo calculado al milímetro, pues ésa es la marca de la gran fabrica de Operación Triunfo. Ambiente festivo en Cambados y una noche increíblemente plácida. La luna llena iba a competir con el otro astro de la noche, que en breve brillaría en Fefiñáns. Medio lleno en la plaza. O medio vacío, como se prefiera. Mucho recinto para cualquiera y Rosa no iba a ser menos, por muy de España que fuera. Desde las primeras canciones, una legión de groopies modernas, descendientes de las que un día jalearon a Paul o a Mick, hacían ejercicio de amnesia musical y se agolpaban frente a las vallas que las separaban del escenario donde se encontraba su ídolo estival. Pero a medida que uno se alejaba del escenario, las canas aumentaban y esa fiebre adolescente que ya no afecta pasados los quince desaparecía por completo. No había que retroceder mucho para alcanzar una zona de paz. Sólo tres pasos y ya nos encontramos entre gente que al menos conoció las vicisitudes de la posguerra. Y al lado de alguno que incluso tuvo que verse obligado a empuñar un arma. Todos mayores que acompañaban a sus niños al concierto o que acudían a Fefiñáns para curar la curiosidad que produce ver a ese fenómeno de masas llamado Rosa. Tampoco faltó una drag queen para animar el sarao. Pintada como la de Armilla y mezclada entre el público, hizo gala de ese salero que parece que por genética sólo corresponde a los que nacen más abajo de Ciudad Real. Y por simpatía, como mínimo quedó en tablas con la florecilla de España. Lonas descosidas La nota rebelde (y sabia) la pusieron unos chavales muy observadores que pasaban por detras del escenario. Las lonas que separaban a los privilegiados seguidores de Rosa de los sin papeles venían de fábrica con un ligero defectillo. Simplemente, no se unían. Conclusión: más de uno decidió que sus 12 euros disfrutarían de un mejor destino y accedieron al recinto por la cara. Y es que el producto más aquilatado de la factoría de Operación Triunfo engancha. A fin de cuentas, la fórmula de esta industria de la música ligera es tan sencilla como exitosa: un público joven y poco exigente en cuanto a calidad musical, y muchas ganas de pasárselo bien. En cuanto a esta última variable, Cambados era una apuesta a caballo ganador. Emulando a Whitney Bien es sabido que Rosa es devota del culto a Whitney Houston y a Gloria Estefan. En la Praza de Fefiñáns sonaron varios temas de estas dos grandes señoras de la canción. Vestida de riguroso negro y escoltada por dos grandes y musculosos bailarines, la granadina lo intentó con las canciones que hicieron célebres a sus intérpretes. En ocasiones demostró que tiene una grandísima voz. Pero otras veces quedó en evidencia que la veteranía es un grado y que el hecho de vender más de medio millón de discos en un país tan peculiar como es España en el aspecto discográfico no es precisamente sinónimo de calidad. Pero si algo le sobra a Rosa de España, y que compensa todos sus errores y limitaciones, es su inmensa simpatía y su capacidad para atraerse al público. Como un imán cautivó a todos los cambadeses cuando habló de los sueños e invitó a perseguirlos, porque «a veces se hacen realidad». Y sonó «Europe¿s living a celebration» en Cambados. El momento eurivisión hizo que las nuevas groopies pudieron dornir tranquilas.