La Audiencia juzga mañana a los cuatro implicados en el descuartizamiento de un joven de O Porriño El dinero fue su perdición. Jesús Enrique Fernández Romero consiguió un botín de más 10.200 euros y fue asesinado por ello. Todo ocurrió en abril del 2000. En el crimen participaron su compañera sentimental y madre de su única hija, dos hermanos y un tercer individuo. Esto es lo que se deduce del escrito de acusación del ministerio público, que solicitara mañana en la Audiencia de Pontevedra una pena de veinticinco años de prisión para cada uno de los cuatro acusados.
15 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Fue la sorpresa de su vida. Como había hecho en multitud de ocasiones anteriores, un veterano pescador lanzó el anzuelo en las proximidades del río Lagares con la sana intención de conseguir algo de lo que presumir ante sus amigos. Pero no pescó un pez, sino el tórax de una persona. Era el 17 de abril, pero aún tendría que pasar medio año hasta que la Policía pudiera identificar al fallecido y detener a los supuestos autores del crimen. Jesús Enrique Fernández, de 22 años de edad, ya llevaba varios días muerto, con su cuerpo destrozado y repartido en bolsas de plástico después de que lo trocearan con una sierra mecánica. Fueron cuatro los detenidos. La compañera sentimental y madre de la única hija del fallecido, Rosario Beatriz Montes Castro; los hermanos Isaac y César Valderrama López; y Juan José Galera Ares. Todos ellos se enfrentan a una petición de 25 años de prisión por un delito de asesinato. En 1998, Rosario Beatriz y Jesús Enrique decidieron vivir juntos. De esta unión nació una niña, para la que el fiscal solicita un indemnización de 120.200 euros. Dos años después, Rosario decidió acabar con la vida de su compañero. Así lo mantiene el fiscal, quien manifiesta que el móvil fue algo tan espurio como puede ser el dinero. «En marzo del 2000, Fernández Romero consiguió 10.200 euros en un robo con violencia». Para llevar a acabo sus planes, la mujer convenció al joven para irse a vivir a una casa unifamiliar apartada del centro de O Porriño. Allí se fraguó la tragedia. Previamente, y siempre según lo manifestado en su escrito de acusación por el ministerio público, la acusada contactó con sus compañeros de banquillo a los que supuestamente pagó 1.800 euros por su cooperación. El asesinato Horas después de haberse trasladado al nuevo hogar, concretamente a las dos y media de la madrugada del 7 de abril, los hermanos Valderrama López y Galera Ares «se acercaron a casa en la que vivía la pareja con su hija». Al parecer, la puerta estaba abierta. El plan supuestamente urdido por los cuatro acusados implicaba que Rosario les dejara franca la puerta de la vivienda. Una vez dentro del inmueble se dirigieron al dormitorio familiar, «allí, en presencia de su compañera sentimental, rodearon el cuello de Jesús Enrique Fernández con un sábana». Las pruebas posteriores determinaron que la muerte por asfixia le sobrevino de improviso. Surgieron los primeros problemas. ¿Cómo deshacerse del cadáver? El tórax hallado por un pescador bajo el puente de Rande mostraba que sus asesinos primero le habían prendido fuego. Posiblemente, ante el escaso éxito de esta medida, los criminales optaron por descuartizar el cuerpo con una sierra mecánica. El fiscal sostiene que los ahora procesados, tras descuartizar a Fernández Romero, escondieron sus restos en tres bolsas de plástico y las arrojaron a la desembocadura del río Lagares. «Se valieron -añade- de un crimen minuciosamente planeado». Cuatro días después, Beatriz Romero denunció la desaparición de su compañero, un individuo con numerosos antecedentes por delitos menores en Alcalá de Henares. El lunes, a partir de las nueve y media de la mañana, los nueve miembros de un jurado dilucirán la inocencia o la culpabilidad de los cuatro procesados.