La curiosidad ha podido con los vilagarcianos, que no han quedado impasibles ante las esculturas de Conde Nadie ha quedado impasible ante las enormes estatuas de Ramón Conde, que en los últimos días han dormido bajo el techo de la ciudad. El camino hacia la provocación se ha salvado, o al menos el de la curiosidad. En positivo o en negativo, lo cierto es que en la calle se ha hablado de arte. El propio autor de las esculturas se ha soprendido ante el impacto que han causado sus criaturas y está satisfecho porque hayan provocado cierta interrogación en el ciudadano.
20 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.C.U. VILAGARCÍA Figuras espigadas y orondas criaturas. Ambas facetas de Ramón Conde se entremezclarán en la exposición que el artista abre hoy en la casa de cultura. La intención es crear dos espacios diferenciados. Las esculturas más estilizadas poblarán la planta baja, a modo de instalación sobre unas grandes peanas de madera, y en las alturas las maquetas más grandes. Éstas últimas son las que, para Ramón Conde, por su gran tamaño causan una sensación mucho más emotiva. Precisamente, esa emoción de la que habla el artista quedó patente en las calles de Vilagarcía estos días. Como preludio a la exposición tres estatuas gigantes han escoltado los puntos claves de la ciudad esta semana. Y no han pasado desapercibidas para la opinión pública. Para bien o para mal, el caso es que no han faltado comentarios de todo tipo. Desde las más puras ovaciones al arte y su regreso a la ciudadanía hasta el «has visto los gordos de la Baldosa». Ahí está el objetivo de provocación que se buscaba, en el boca a boca de la calle. Hasta el mismo Ramón Conde no ha dejado de sorprenderse por el impacto que ha causado el montaje. En su opinión, que su obra cause cierta interrogación en el ciudadano es todo un logro. Para él es algo que siempre se espera cuando se está fraguando una creación. «Hemos buscado esculturas para levantar comentarios entre la gente. Parece que la ciudad está vestida estos días». Así definió el concejal de Cultura, Roberto Araujo, esta experiencia de arte en la calle. El edil no se olvidó de la mención al diseñador de las peanas, exteriores e interiores, Jorge Agra. Tampoco dejó atrás el agradecimiento a los operarios municipales que pusieron su sudor a servicio de la cultura. Y es que levantar todo el peso del arte no es tan fácil como parece. Vilagarcía se ha volcado con el arte sin ningún tipo de pudor. La curiosidad ha podido con los transeúntes, de los que la mayoría destacan la provocación a la que invita la escultura de Rey Daviña, «El Columpio».