Los ecos de M-Clan

La Voz

AROUSA

VÍTOR MEJUTO

Alrededor de dos mil personas aplaudieron ayer a la banda murciana en A Maroma Pantalón de rayas poco diplomáticas y contoneo de pecho a lo Jagger. Por algo en los camerinos les esperaban una larga lista de requisitos, propios de las grandes estrellas del rock. Los acordes con ciertas nostalgias setenteras resonaron en el pabellón de A Maroma con M-Clan. Y vaya si resonaron. La música se perdió en cada uno de los recovecos del recinto. La banda murciana se portó en Vilagarcía a pesar de las dificultades que tuvieron con el sonido, sólo los más fans, los de las trincheras pudieron disfrutar de las letras. Los rezagados se perdieron en el eco pero la banda se ganó el aplauso de sus incondicionales.

12 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

C.UZAL VILAGARCÍA Estéticamente bien. En amplitud no hay mejor lugar. Las instalaciones y servicios, también. Pero el recinto de A Maroma no ha sido diseñado para mimar el sonido de los conciertos. Y eso se pudo comprobar el jueves en el concierto de M-Clan. Se quedaron reducidos por el ruido. El público que se agolpó en primera fila sí pudo disfrutar de las letras. Los de los laterales tuvieron que conformarse con las guitarras superpuestas. Pero no hay mal que por bien no venga. Ante la adversidad M-Clan se volcó en el público y en «culebreos» por el escenario. Muy propio para los amagos setenteros con los que obsequia la banda en su espectáculo. La lluvia aguó el espectáculo de la banda murciana en San Roque, pero como quien cumple una promesa de buen devoto, el jueves volvieron a la capital arousana para demostrar, a golpe de pecho y cabellera, por qué se dice que son una de las mejores bandas del momento. Regresaron para cumplir con los aplausos de las cerca de dos mil personas que se congregaron en el recinto de A Maroma para recibir a sus ídolos. Un público variopinto y anárquico. En las trincheras del escenario aquellos que coreaban las canciones con los brazos en alto y que hasta ondearon una pancarta con grandes letras blancas en las que se podía leer «Yo quiero algo más fuerte». Y lo tuvieron. Por el resto del recinto, desperdigados una masa de quinceañeros probando su primera noche loca de concierto. Aquí cada uno a lo suyo. Fuese para los que botaron a golpe de guitarra o para los que discurrían por el pabellón, M-Clan no escatimó en derroche musical. Dedicada a Vilagarcía, El tren que nunca cogimos, alguna mención a Murcia y también al sonido. De su álbum Usar y tirar arrancó gritos el No quiero verte y como no el sonadísimo LLamando a la tierra, versión del recordado tema Serenade de Steve Miller. También su último album Sin enchufe hizo saltar al público. Finalmente, después de luchar con las reverberaciones del recinto, una larga lista de «cáterin» les esperaba en los camerinos. Qué sería del espectáculo sin esos pequeños caprichos de estrella.