La multitudinaria asamblea de IVIL sólo sirvió para mantener el suspense sobre posibles coaliciones Dos años después, en el mismo escenario, José Luis Rivera editó ayer la segunda parte de su «cena en apoyo a un amigo». La asamblea de IVIL colapsó el comedor del hotel Ciprés. Hasta seiscientas personas se dieron cita en el establecimiento para escuchar lo que sus representantes políticos tenían que decir. Escuchar, que no intervenir. Porque ni un voto en contra, ni una abstención ni una sola enmienda partieron de los militantes. Sobre las posibilidades de participación en las autonómicas, ni palabra. Los afiliados delegaron la decisión en Rivera, que lo dejó para mejor ocasión. El asunto acabará en trilogía.
27 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.S. G. VILAGARCÍA Como ya sucediera hace dos años, cuando el partido ni siquiera estaba constituido, la asamblea de ayer sirvió a un solo objetivo: demostrar que Independientes por Vilagarcía sigue vivo. Seiscientas personas se agolparon en el hotel Ciprés para prestar, una vez más, su mudo apoyo a Rivera Mallo. El desafío resultó redondo. Rivera se rodeó de sus afines y se dio un baño de masas, adoptando la forma de un claro aviso al Partido Popular. Pero poco más. La presentación de la asamblea, la lectura de tres ponencias -juventud, municipal y política- y la rendición de cuentas se sucedieron veloces sin una sola voz en contra. No hubo debate, nadie discrepó. En ningún momento se oyó un tono discordante. La escenificación de ayer respondió a la de una formación hecha a imagen y semejanza de su líder. Como convidados de piedra, los participantes en la cita se limitaron a secundar, a mano alzada, cada uno de los puntos que iban cayendo dentro del orden del día. Al final, llegó el momento más esperado. Aquel en el que Rivera Mallo informó a sus afines de las posibilidades de participación en las próximas elecciones autonómicas. Tampoco hubo nada nuevo. El presidente de la formación habló de Coalición Galega, de Democracia Galega, de Progresistas de Galicia y de otras opciones fracasadas. Y abrió cuatro caminos: la coalición con DG y Enrique Marfany, la presentación en solitario -que él mismo desaconsejó-, la libertad de voto para la militancia o el apoyo al PP. La primera y única voz surgió entonces de los afiliados: «Delegamos en usted». Rivera Mallo, emocionado, aceptó.