ATLETISMO Con 42 años, Javier Comendador cerró el ciclo el domingo pasado en la prueba disputada en Langreo Atrás quedaron más de cuatrocientos kilómetros. Después de haber disputado diez maratones, y con 42 años, Javier Comendador está pensando en dejarlo. La prueba reina del atletismo le sirvió para viajar, conocer ciudades y hacer amigos, además de sentir el apoyo sincero y admirado del público desde las aceras. «Es la parte más sana de la vida y nunca hay un mal rollo», afirma. Javier Comendador va por libre, como sucede con la mayor parte de quienes se encuentra. «Creo que el perfil de la gente es parecido al mío: gente trabajadora, más bien mayor, y con hábitos de vida sanos».
01 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.FERNANDO SALGADO VILAGARCÍA «Aquí sólo se busca la salud y la marca es un aspecto secundario». Es una declaración de intenciones, pero correr es también una actividad competitiva, aunque el rival sea una mismo. El domingo pasado, en Langreo, quiso alterar el orden y acabó pagándolo. Había corrido nueve maratones y su idea era poner fin al ciclo con el décimo. Para ello, nada mejor que repetir en el del Valle del Nalón, en Langreo, donde había hecho su mejor marcar (3.23), en 1995. Calambres «Hasta el kilómetro 28 iba muy bien y a un ritmo para hacer 3.12, pero ya iba notando unos calambres en la pierna izquierda y tuve que aflojar. Me di cuenta de que no había nada que hacer y me limité a llegar a la meta», recuerda. Y es que correr maratones ya es en sí mismo el acicate que lo mueve. «Hago deporte todos los días, pero tres meses antes me pongo más en serio y procuro correr entre 40 y 50 minutos y luego voy aumentando», explica. Las carreteras de Lobeira son el escenario habitual de su esfuerzo. «Correr un maratón lo hacía para escapar un poco de la rutina, porque si no tuviese ningún objetivo se haría repetitivo y acabaría cansándome, por eso me pongo una meta». Tampoco es el único. Viajar, conocer ciudades y hacer nuevas amistades es otro. El medio para ello lo tuvo siempre claro. «A mi me gusta la carrera popular por su sencillez: te pones unas zapatillas y una camiseta, un pantalón y a correr. No es necesario nada más». Y con este equipaje, Comendador se estrenó como maratoniano en Vilagarcía. Debutó en una prueba disputada en 1987 cuyo recorrido incluyó Cambados y A Illa y en el año siguiente lo hizo en Santiago. Vivió la sensación de entrar en el estadio de Monjüich poco antes de la Olimpiada Barcelona 92 y la de disfrutar de las calles de Madrid sin el humo ni el ruido del tráfico un año después. «Ahora o nunca». En 1994 rompió la hucha y se fue a Nueva York. «Allí, todo es grande y hablaban de una participación de unos 30.000». El año anterior eran 3.000 en Madrid y ya le había parecido impresionante al vilagarciamo. Langreo, San Sebastián, Lisboa y Gijón completan un periplo que posiblemente haya tenido su punto final el domingo pasado. La herencia Antes de dedicarse al maratón, Javier Comendador ya participaba en todo clase de pruebas populares que se disputan en las cercanías de Vilagarcía. Lo lleva en la sangre; su padre, Carlos Comendador, además de se un archivo viviente del deporte vilagarciano, sigue haciendo gimnasia por el parque de la playa Compostela. Tiene 80 años. «Es la parte más bonita de la vida _recalca_ tanto entre los espectadores como entre los corredores nunca encontré un mal rollo».