Catoira, una torre de Babel

La Voz

AROUSA

IRENE ABUÍN

Una delegación del pueblo danés de Frederikssund visita el municipio gallego con el que está hermanado Catoira se ha convertido en punto de encuentro de culturas. Islandeses, daneses e incluso argentinos han sucumbido a los encantos del pueblo vikingo de Galicia este verano. Ayer arrivó a tierras catoirenses una delegación del pueblo danés de Frederikssund, con el que está hermanado Catoira. Aprovechando su viaje a la comunidad gallega, como peregrinos a Santiago, han hecho una parada en el municipio de Baixo Ulla, por el que sus antepasados vikingos también se sintieron atraídos. La torre de Babel que se creó en el salón de plenos del Concello fue solventada airosamente por un paciente traductor.

16 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

CORRESPONSAL CATOIRA Fueron recibidos por el alcalde de Catoira, Alberto García, quién agradeció la hospitalidad del pueblo danés y destacó los lazos de unión entre ambas culturas. Por su parte, el regidor de Frederikssund, Knud Christoffersen, transmitió el sentir de su pueblo, que esperaba con anhelo la visita a Catoira. El año próximo se cumplen cincuenta años de la obra vikinga en la localidad danesa, acto al que han sido invitados todos los catoirenses. Pero no todo fueron discursos y mil gracias, después de la recepción oficial, los visitantes realizaron un recorrido por el concello, para conocer especialmente las Torres de Oeste. Tras el paseo turístico, convite para mostrar las excelencias de la cocina gallega. Ya por la tarde, los daneses pudieron disfrutar de una particular singladura por el río Ulla bajo las velas del drakkar vikingo de Catoira. Y cómo no, el paladeo obligado de una buena queimada, o como explican los daneses «esa olla negra que calienta». En el acto no faltó tampoco el espontáneo. Así, un vecino de Frederikssun relató cómo se decidió a realizar el camino de Santiago, gracias a la amistad con Catoira. No dudo en pedirle al alcalde que impusiese el cuño del Concello en su «pasaporte de peregrino». Y para terminar, los asistentes brindaron al anfitrión el impetuoso grito vikingo de saludo. Podría decirse que este ha sido un verano internacional para Catoira. Después del garbeo por el norte de europa, no podían faltar la confraternización con Sudamérica. Así que ayer fue un día de recibimientos, ya que otro grupo de argentinos llegó a Catoira maleta en mano. Son 25 emigrantes, unos que regresan y otros que conocerán Catoira por primera vez. Los abuelos para recordar y los nietos para comprobar in situ las historias que les cuentan al otro lado del charco.