Sus propietarios exigen medidas de seguridad ante el riesgo de nuevos ataques en pleno núcleo de población Nadie acertaba a comprender ayer que un grupo de perros de presa pudiese llevar a cabo un ataque en un núcleo habitado. Sin embargo, esto fue lo que sucedió en una finca de Rubiáns inmediata al colegio público, donde cinco burros fariñeiros, todos ellos hembras en estado de gestación, fueron agredidos salvajemente. Dos de los ejemplares protegidos murieron, mientras los otros tres sufren heridas de tal magnitud que podrían desembocar en su sacrificio. Sus propietarios, integrados en la Asociación galega de burros fariñeiros, exigen a las autoridades la adopción de medidas para evitar nuevos episodios de este tipo.
13 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.SERXIO GONZÁLEZ VILAGARCÍA La Asociación galega de burros fariñeiros, creada el año pasado, se esfuerza por recuperar esta especie de asnos, que se encuentra en plena regresión. Hasta ayer, el colectivo contaba con un semental y doce hembras en su poder, cinco de las cuales permanecían en la finca de Rubiáns. Tras el ataque de un grupo de perros de presa, dos de los animales han muerto y probablemente un tercero deba ser sacrificado. El episodio tuvo lugar durante la madrugada, en un solar de 16.000 metros cuadrados ubicado junto al colegio público de la parroquia vilagarciana. Los burros fueron trasladados hasta allí con la intención de que desarrollasen sin problemas el período de gestación, ya que las cinco hembras habían sido fecundadas recientemente. Pero cuando el conserje del centro escolar se dirigía a su puesto de trabajo como cada mañana, pudo comprobar que los planes de la asociación habían sido truncados. Lo salvaje del ataque quedó fuera de toda duda tras una primera inspección de los animales. Éstos sufrían importantes mordeduras en el cráneo, los cuartos traseros y el vientre. De hecho, sólo dos de los asnos sobrevivirán a la agresión. El veterinario que los atendió, de la clínica Carmelo, en Ribadumia, tiene claro que, tanto por el tamaño como por la profundidad de las heridas, «tiveron que ser un mínimo de dous cans, cunha mandíbula moi poderosa e moita forza, do tipo pit-bull ou rotwailler». Las primeras sospechas se centran en perros del vecindario, que, tras permanecer atados durante el día, podrían haber sido soltados por la noche.