Cuatrocientas personas se manifestaron en la ciudad mientras los establecimientos permanecían cerrados Quien ayer quiso comprar algo más que un helado en Vilagarcía a partir de las siete de la tarde lo tuvo muy difícil. La mayoría de los establecimientos cerró sus puertas a esta hora para secundar la movilización convocada por Centrotiendas y FECA contra el decreto sobre libertad de horarios comerciales, aprobado por el Consejo de Ministros. El cierre culminó en la plaza de Galicia, donde unas cuatrocientas personas se congregaron para prestar su apoyo al pequeño comercio. Sin pelos en la lengua, los promotores de la iniciativa paladearon los símiles con la esclavitud, hablaron de intereses ocultos, denunciaron presiones de grandes superficies y reprocharon al PP local su tibia postura en este caso.
17 jul 2000 . Actualizado a las 07:00 h.S. G. VILAGARCÍA Con la aprobación del decreto sobre libertad de horarios comerciales, el Consejo de Ministros ha conseguido un logro singular en Vilagarcía: poner en mismo lado a grupos políticos, sectores sociales, sindicatos e instituciones. En la plaza de Galicia se dieron cita ayer representantes de todos ellos. Desde asociaciones empresariales _la concentración fue promovida por Centrotiendas y FECA_ hasta UGT, CIG, el PSOE el BNG. Eso sí, con la excepción del Partido Popular. Transcurridos unos minutos de silencio en memoria de José María Martín, el concejal de Málaga asesinado por ETA, el presidente de Centrotiendas, Amado Cascallar, procedió a leer un comunicado que no dejó títere con cabeza. Cascallar no dudó en comparar los efectos del decreto _ampliar el horario de apertura a noventa horas semanales y veinte festivos anuales_ con los peores tiempos de la esclavitud. En primer lugar, apuntó, «esta ampliación no ha sido solicitada por nadie». Aunque a continuación matizó sus palabras: «Se trata de un sometimiento del Gobierno a la presión de las grandes áreas, mayoritariamente de capital francés», denunció Cascallar, arrancando aplausos a los presentes. En su opinión, esta iniciativa vulnera «las reglas de convivencia social» y ataca directamente «al comercio tradicional, motor de muchas economías familiares». Ya en clave local, el presidente de Centrotiendas recordó el papel del pequeño comercio como «elemento dinamizador de nuestra ciudad», y conjuró la imagen de una Vilagarcía «desierta, oscurecidas sus plazas y calles». Porque, argumentó, «esto es lo que pretende la normativa». Tampoco faltó el fantasma de «los precios abusivos», con una clara referencia a lo sucedido con la gasolina. Resultado, según los comerciantes, de «la concentración de la distribución que persigue el Gobierno, con claros perjuicios para el pequeño productor y el consumidor».