«Yo volví con mi primer amor»

LA SEGUNDA PARTE, MEJOR. ¿Fue el destino? ¿Fue el azar el que volvió a reunir a Adrián Alonso Alonso y a Silvia Villamiel Gallo? Siete años pasaron entre el corto noviazgo del que fue el primer amor y el que les llevó directos al altar.


Si decimos que la cebolla repite, claro está que la digestión no se está realizando de forma correcta. Si decimos que el director de una película se ha animado a hacer una segunda parte, pensamos que como la primera, no habrá ninguna. O recurrimos al dicho de «segundas partes nunca fueron buenas». Si en campaña electoral volvemos a oír los mismos discursos, pensamos que nuestros políticos se repiten más que la cebolla. ¡Pero no! No todas las repeticiones que suceden en la vida son negativas. Adrián Alonso Alonso (Lourenzá, 1987) y Silvia Villamiel Gallo (Ribadeo, 1989) nos han demostrado que el primer amor gana... y vuelve. Y lo hace con fuerza. Después de un segundo noviazgo, se casaron el 29 de septiembre del año pasado. Están en las llamadas «bodas de papel». Basta con fijarse en el perfil de WhatsApp del que ya es marido para comprobar lo importante de la fecha: «Sempre contigo 29-9-18». Y la foto de perfil, la de los novios en ese día feliz.

Adrián tenía 18 años cuando conoció a Silvia, que entonces tenía 16. «Coñecémonos -relata- de festa por Ribadeo e foi a través dun amigo. Alá polo 2006». Aunque la relación no duró demasiado en ese momento: «Un par de meses». Hoy en día le cuesta recordar cuáles fueron las razones para dejarlo: «Non sabemos moi ben por que acabou a relación, cremos que foi pola distancia». «Estivemos xuntos, pero despois separámonos por circunstancias da vida. Ela foi estudar á Coruña, Maxisterio, e eu estaba en Madrid por razóns de traballo», matiza él. Viven actualmente en Boiro. Ella es maestra en un colegio y él es operario en una fábrica de conservas.

YA SE CONOCÍAN DE ANTES

La ventaja de repetir en amores es que se ya se conoce al otro. Sobran las presentaciones: «Da segunda vez xa tiñamos a sorte de que nos coñeciamos de antes. Despois de que rompemos o xeo, xurdiu a chispa outra vez». Retomaron el contacto en el año 2014 y en esta ocasión no fue la movida nocturna ribadense la que ejerció de Cupido en sus vidas. Más bien lo hicieron las nuevas tecnologías, como no podía ser de otra forma en este mundo, cada día más digital: «Sete anos despois o mundo estaba máis avanzado -ríe Adrián-, xa que estaban máis presentes as redes sociais. Dende o grupo de amigos dicíanme ‘por que non lle falas á rapaza? Podedes ser amigos’. Pero a vida fixo que fósemos máis ca amigos».

El intervalo de tiempo en el que no estuvieron juntos fue una pausa que uno y otro aprovecharon a nivel de amoríos. «Eu tiven unha parella seria e ela tamén», recuerda. Qué caprichoso es el destino que hizo que dejaran a sus respectivos prácticamente al mismo tiempo. Toda una señal del destino esa coincidencia. «Non sei se foi algo do destino, pero algo tivo que haber para deixarnos coas parellas que tiñamos entón».

UN BUEN RECUERDO

«Na nosa relación hai bo rollo. Eu sempre gardei bo recordo dela. Era boa nena. Ela tamén dicía de min: ‘É bo neno’. Deume confianza. Si que co tempo se nota a madurez, vives doutra maneira e non pensas só en gozar, senón que miras cara ao futuro». Después de convivir juntos, dice Adrián, «non notamos a diferenza entre estar ou non casados, porque nos seguimos levando igual de ben. Ela ten unha praza fixa en Rianxo e eu conseguín no traballo que me fixesen indefinido. Pódese dicir que estamos vivindo unha etapa dourada nas nosas vidas».

Aún no hace mucho que Adrián y Silvia llevaron a cabo la segunda post-boda, en Semana Santa. Tenían intención de volver a vestir sus trajes de novios y acabar de completar el reportaje nupcial en As Catedrais, icono top de los álbumes nupciales dentro y fuera de A Mariña: «Cando vimos que os tíckets para baixar á praia estaban esgotados. Fomos á dos Castros, en Ribadeo tamén, e mellor». «Si, fixemos a voda, a primeira post-voda e a segunda post-voda. Eu xa tiña medo de non entrar no traxe», bromea Adrián. Aunque en la pedida de mano rompió la caja del anillo por la tensión del momento en el restaurante y llegó apurado al enlace civil celebrado en Alfoz en el llamado veranillo de San Miguel por culpa de un coche antiguo, está claro que el destino puso en el mismo camino a Adrián y a Silvia, no solo una sino dos veces. Y a la segunda fue la vencida... y para siempre.

La luna de miel que hicieron, a París, Florencia y Roma, mecas del romanticismo, también es digna de repetir.

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