Queimada en Cervo: la danza de la llama

CERVO

xaime ramallal

Julio, hermano de Teresa, nos suministra en una cantina que es templo para devotos un aguardiente mágico. Lo es. Ya que procede de un alambique con ciento cincuenta años de antigüedad. Llegado el momento para destilar el elixir, Julio se acuesta y dormita. Pero si la gota que produce el proceso de la destilación no lleva el ritmo preciso se despierta para animar al animal fuego y que así el bálsamo tenga todas sus propiedades.

Las propiedades se pueden percibir en ese Valle de Cervo-Sargadelos. La coroza de paja, las brujas y las ‘meigas’, los trasgos y los diablos, el fuego purificador… Todo parece formar parte de una tradición milenaria, como si un hilo invisible a través del tiempo nos uniese con los habitantes de los castros.

Esos asentamientos marinos propios de nuestra costa que dibujan las rías galaicas del Cantábrico. Que supo cazar ballenas desde el siglo IX en que llegaron los Normandos y enseñaron a los druidas las propiedades del mamífero marino. Que puso petos de ánimas en los caminos hacia los Campos Santos y cruceiros entre corredoiras y senderos.

En mi querido Cervo-Sargadelos hay una noche agosteña en la que todo es posible. La luz azulada del brebaje proclama que somos pueblo viejo y creyente. Lo que comenzó siendo medicina para catarros y dolores, hoy es elixir contra los malos pensamientos, obras y maldiciones. Testigos, las sobras de aquellos vikingos.

Aquellos aguerridos navegantes que visitaron nuestra costa y dejaron ese espíritu de braveza y trabajo, que hoy se va perdiendo por la mistura en la que una chimenea aluminera está imponieno otra cultura. Por eso en el rito del sábado agosteño en el Souto de Cervo, Airiños do Xunco hará llegar esa comitiva de vestales que son descendientes de los Normandos que atracaron en la ensenada de Rueta mandados por aquel valeroso guerrero, Male de Malerendi al que describió Alvaro Cunqueiro y según el mindoniense se aparece cada año a estas gentes como Nando, Santi, Xexo, Rafa, Quela, Pardito, Carlos, Luís, Manolín, Azucena, Tomás, y demás miembros de la cofradía del orujo sagrado.

Todo el ceremonial que comenzó un agosto de 1978, fue declarado de interés turístico para Galicia en 2001, se mantiene fiel a las normas de cuidados culturales sin permitir esas impuras decadencias que se han dado muy cerca para convertir fiesta cultural en bacanal subcultural.

Y es que el desarrollo de la Queimada de Cervo mantiene todos los ingredientes. Desde la procesión que sale del hermoso y cuidado edificio escolar, pasando por delante de la Pousada, hasta llegar a ese Souto dónde remansan las aguas del padre Xunco que un día movía el muiño en su tarea de hacer harina para el pan de las gentes. Y ahí el brujo procederá con arreglo a la biblia de la tradición galaico mariñana en el ofertorio de convertir aguardiente en queimada.

Gentes que estarán todas presentes y ausentes en el santoral que purifica y recordando a Vizoso en cada nota de las gaitas que interpretan la marcha del antiguo reino. Hasta los galenos reforzaremos nuestro juramento a estilo mariñano. «Nuestra ciencia o arte consiste, no en curar, lograr que los amigos sigan siendo fieles a ellos mismos y en consecuencia, viviendo como les gusta, sin privarse de esas costumbres que les hace diferentes a los que llegan como forasteros».

Y es que los forasteros son simples observadores. Pueden aprender por la mañana en el mercado artesanal, dónde la gastronomía será fiel a la tradición. Aquí no hay bollos preñados, ni butillo berciano. Se disfruta con la miel de la Senra y de Rúa, con las empanadas de xouba y zorza, con las rosquillas y el buen chorizo casero.

Por todo ello y mucho más, digo lo que me enseñaron. Que la mar es el prado de las gaviotas y nuestras fiestas las romerías del Bo Xantar. Amén.