Anguilas

ANTÓN GRANDE

A PONTENOVA

22 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Ya tenemos nuevo tema para debatir entre ecologistas, gastrónomos y pescadores: el futuro de las anguilas, sus crías y el salmón. Admito que soy un goloso de las anguilas, las angulas y, en cierta medida, del salmón cuando se pescaba en el Eo.

De los que nos venden en los súper, reconozco su poder nutritivo. Desde que de chaval iba con mi padre a pescar anguilas me gustan fritas pero, sobre todo, en salsa verde. Cuando así las probé, me apunté a su condumio a pesar de que en pocos lugares las ofrezcan de tal manera, de ahí su desconocimiento gastronómico. Recuerdo que en cierta ocasión invité a comerlas, en casa de comidas de confianza, a Alfredo Conde, que tanto se pavoneaba en sus artículos de sus comidas con lamprea —tampoco la desprecio—, y a Juan Soto, otro neófito en este plato. Quedaron sorprendidos, satisfechos y, en cierto modo, cabreados porque nos sirviesen de primero unas anguilas fritas, con lo cual, casi hartos, sobraron de las preparadas en salsa verde.

De las angulas qué les voy a decir. Las he pescado en la ría de Ribadeo con mis amigos de A Pontenova cuando se cogían a cientos, las he degustado a pesar de sus precios. O sea, me encantan. Del salmón tengo algo que decir. Me gusta, pero me tiene cabreado porque las dos veces que intenté pescarlo fueron sin éxito, a pesar de que a uno de ellos le pasé el cebo por delante de su hocico unas cincuenta veces. Pero me gusta, tal como lo preparaban en La Cubana, en A Pontenova, al «papillón», en compañía de Enrique Fernández, su alcalde. Si hay prohibición, respetaré estas especies. Merecen que no se pierdan, pero hay que ver lo que me gustan.