Conversación con un colega que tomó la decisión de hacerse médico mucho más tarde que la mayoría, al menos de mi generación, que lo hicimos cuando aún no estábamos preparados para tal. Y tuvo mucho que ver con la profesión de padre, abuelo y bisabuelo. Tanto mi contertulio como yo mismo encontramos en la medicina y su práctica como ciencia y arte, una forma de ser y estar en el mundo.
La medicina como ciencia y arte ha evolucionado. Los que procedemos de familias con médicos iniciados en el siglo XIX lo podemos constatar. La medicina rural fue no solo de hecho asistencia total domiciliaria. Era también uno de los soportes de la organización social en aquellas parroquias y desde aquellos eruditos casinos. El médico no solo curaba, también asesoraba. De ahí que mi abuelo Alejandro pasara de ser médico rural en el concello de Vilamarín a ser el alcalde que hubo de enfrentar Ourense con la Gripe Española.
Hoy la medicina es asistencia con técnicas, guías y protocolos. La especialización ha superado al médico general y las súper especializaciones amenazan con adelgazar a la medicina interna que tuvo en Giménez Díaz y Pedro Pons o en Galicia a Novoa Santos los grandes clínicos. Y es que la robótica, informática y electrónica se impusieron al fonendoscopio, la palpación y la inspección. Me temo que muy pronto máquinas o IA se impondrán, hay quien afirma que serán más eficientes y se equivocarán menos que los galenos.
Pero hay dos espacios que deberíamos cuidar. Las urgencias de nuestros hospitales. La dotación y formación de nuestros centros de salud. La primera es la puerta de entrada a la empresa pública hospitalaria, utilizada de forma creciente cada vez que el usuario sufre dolencias que le angustian o se juega la vida. La segunda es la primera trinchera frente a la enfermedad. Deberíamos pedirle al «mando del sistema» que se ocupara más y mejor de tal. Y para ello el objetivo debe ser resolver y no derivar. Pero para ello es imprescindible la formación continuada y la dependencia organizada desde los hospitales que operan en el área de salud. No se puede dejar al pairo a esos médicos de atención primaria. En la actualidad cargados de burocracia, dedicados más tiempo al manejo de su programa informático, expendedores de recetas que contribuyen a una medicina sintomática y multi medicamentosa.
Y algo indispensable. La prevención bien organizada y por objetivos. Educar para la salud es informar mediante campañas eficientes. Identificar los riesgos y controlarlos. No solo el tabaquismo. El sobre peso, los malos hábitos alimentarios, la contaminación, los peligros de la red viaria, la actividad física y mental. La cultura como instrumento al servicio de la prevención de las abundantes y crecientes enfermedades mentales. La recuperación del espacio socio sanitario dependiente de los expertos, con menos burócratas y menos miedo economicista, del que se aprovechan las empresas que descubren como el desequilibrio entre oferta pública y demanda ciudadana, es la base de sus pingües beneficios.
Y algo muy romántico. Los médicos deberían regresar varias veces en sus singladuras profesionales a la universidad, entre otras causas por aquello que nos señaló Gregorio Marañón. «El médico que solo sabe medicina, ni medicina sabe».
* Pablo Mosquera, médico. Ex director gerente del Hospital de la Costa, entre otros.