Por vez primera, hará unos 5 o 6 años, me vi en la necesidad de usar los famosos triángulos que la DGT obligaba a llevar en el coche para colocarlos en caso de accidente. Uno de ellos estaba agarrotado, el maldito, y forzando, forzando, la tornillería que lo sustentaba salió disparada Dios sabe dónde, ya que al otro lado del arcén, ancha era Castilla. Me quedé con las tres varillas rojas y blancas en la mano sin que conformaran entre todas nada ni de lejos parecido a un triángulo, solo era una serpentina deforme.
Afortunadamente el otro se abrió a la perfección y quedó armado un triangulo de libro, más equilátero que otro poco. Lo puse unos 40 metros detrás del coche, en el sentido de circulación, me pareció que para uno que tenía, mejor ahí para los que pudieran embestirme por detrás. Hay que reconocer, siendo honestos, que mucho más rápido es el tema de las famosas balizas; la sacas, la enciendes y la pones sobre el techo. Listo. Hasta aquí no vamos mal del todo, pero desde ese momento en que la activas, tu localización está a disposición de cualquiera y no solo de la DGT. Cualquiera es, por ejemplo, un caco con una grúa de pega que vaya en tu búsqueda para llevarse tu vehículo. Llevárselo para siempre, quiero decir.
Lo sé, con esto siembro la duda y el temor. Pero, digo yo, ¿es o no es así? Si al gruista de turno le vemos una pinta extraña, o no sé, un mono demasiado limpio, un extraño acento siciliano...cualquier cosa, que esto de las pintas es muy subjetivo, vamos a tener la mosca detrás de la oreja, hasta el punto que ni de la misma mosca nos vamos a fiar. Puede secuestrarnos, extorsionarnos o, a lo mejor, llevarnos el coche al taller. Pero, ¿y si no? Andaremos y veremos, pero lo que está claro es que Don Mengano, que hace, no sé, unos meses, montó una fábrica de balizas sin venir a cuento de nada y sin criterio ninguno, hoy, nada en dólares como el tío del pato Donald. Me lo imagino en su nueva piscina de 50 metros con el fondo atestado de balizas funcionando, de un parpadeante anaranjado-atardecer, para que le recuerden siempre su éxito. Claro que, puede ser eso o un chivatazo. Y estamos en nuestra querida España, señores, así que....
* José Díaz, escritor, ex concejal de Cultura en Burela.